miércoles, 14 de enero de 2015

Chile: “No existen cambios doctrinarios entre la Armada golpista de 1973 y la de 2015”

Entrevista con el Presidente de la Agrupación de Marinos Antigolpistas de Chile,  Víctor López.


“Cayó el rayo en los mares, cayó la estrella”
Patricio Manns

Por: Andrés Figueroa Cornejo

El sábado 17 de enero, a las 11.00 hrs., en el Cementerio General de Santiago, se trasladarán hasta el Memorial del Detenido Desaparecido y Ejecutado Político  los restos del “compañero Ernesto Zúñiga Vergara, miembro de la Resistencia armada contra la tiranía; un marino antigolpista que se la jugó durante el gobierno de Allende y después, siempre junto a su pueblo”, informa el Presidente de la Agrupación de Marinos Antigolpistas de Chile, Víctor López, y añade que “Ernesto fue ejecutado el 16 de enero de 1982 por la Central Nacional de Informaciones (CNI, policía política de Pinochet) en una emboscada sufrida en la comuna de la Quinta Normal de Santiago.”
De acuerdo al abogado de la causa judicial por el homicidio de Ernesto Zúñiga (Rol 305-2010), ya están siendo procesados los agentes de la policía  Martiniano Arias Fernández, Manuel Tibaldo Flores Jorquera y José Hernán Huaquimil Uribe, responsables del crimen político ejecutado hace más de 30 años.

La Armada o la mano ajena del Imperio

Víctor López alcanzó el grado de marinero 1º y fue parte de la promoción de 1969 de la rama castrense más penetrada por los intereses del imperialismo norteamericano entonces y hoy en el país andino: la Armada.
“De altamar arribamos a Chile en 1970 y en septiembre, para las elecciones presidenciales, nos percatamos por primera vez que el país había cambiado. Debes entender que nosotros ingresamos a la Marina a los 15 años, sin tener idea de política”, dice Víctor.
“Nosotros éramos marinos de una Escuadra que estaba conciente de que se estaba urdiendo una conspiración para derrocar al gobierno de Salvador Allende. Ello muy paradójicamente, considerando que la Armada era la institución de las fuerzas armadas más clasista, de mayor identificación con la derecha y con el imperialismo norteamericano. En ese contexto, nosotros nos dimos cuenta de que somos parte de un pueblo, tan excluidos y precarizados como ese mismo pueblo. Nos identificamos plenamente con los intereses de las clases sociales más desfavorecidas”, sentencia Víctor López, y agrega que “Incluso, al contar con un gobierno popular, los más empobrecidos de la Marina, la tropa, la gente de mar, levantamos nuestras propias reivindicaciones. Queríamos una escuela de formación única que no diferenciara entre grumetes y cadetes, entre tropa y oficialidad. ¿Por qué teníamos que alimentarnos con comidas diferentes y en un comedor distinto al de los oficiales? En suma, la lucha de clases era mucho más marcada en la Marina que en el mundo civil. Todo eso nos llevó a dar un salto cualitativo en nuestra forma de pensar. Además, desde 1971 los oficiales comenzaron a dictarnos recurrentemente charlas en contra de las políticas que implementó el gobierno de Allende. Por ejemplo, recuerdo perfectamente una exposición que nos dieron sobre la nacionalización del cobre, en la cual la oficialidad nos señaló que esa medida era lo más nefasto que podía ocurrir porque si se le expropiaba el cobre a las grandes compañías norteamericanas, entonces ¿quién nos vendería armas, Coca-cola y cigarrillos Marlboro? O cuando se implementó el medio litro de leche diario para cada niño y niña, los oficiales nos dijeron que eso era un ‘despilfarro del erario nacional’, porque los chicos del pueblo no estaban acostumbrados a tomar leche (!).
No nos quedó otra alternativa que ubicarnos en la vereda contraria al alto mando, y por simple intuición. Ni siquiera ponderamos que, por pura lógica, estábamos propugnando una transformación radical de la institución. Nos sentíamos trabajadores con uniforme.”

-De ese modo se desarrolló rápidamente su politización. ¿Advertían los peligros?

“El mayor riesgo que constatamos fue que como tropa de la Marina, usábamos armas. En consecuencia, si la oficialidad se salía con la suya, nosotros, la tropa, tendríamos que salir a masacrar a gente inocente y desarmada. No queríamos, definitivamente, cumplir esa función criminal. De allí surge nuestro pensamiento antigolpista.”

-¿Crees que desde la Marina que tú conociste hasta la de hoy ha habido cambios significativos en la ideología y doctrina de su alto mando?

“No hay cambios entre la Armada golpista del 73 a la de hoy en Chile 2015. Y basta evidenciarlo cuando la oficialidad de la Marina sigue rindiendo homenaje al miembro de la junta militar de la dictadura, el almirante José Toribio Merino (http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Toribio_Merino), frente a una estatua de ese sujeto que está levantada en un paseo público de la ciudad de Valparaíso. La Concertación no sólo no le negó el permiso a la Marina para tributar a uno de los principales golpistas, sino que le facilitó todos los medios para hacerlo. Y estamos hablando de un oficial que fue un hombre de los norteamericanos, un oficial de la Armada de EEUU en la Segunda Guerra Mundial, un tipo que siempre estuvo al servicio de una potencia extranjera. De hecho, el 11 de septiembre de 1973 el comandante en jefe de la Armada era el almirante Montero que ese mismo día Merino encarceló para usurpar el mando, autoproclamándose comandante en jefe. ¿Qué mérito tiene un hombre así para ser tratado como un ‘héroe’ de Chile? ¿Quién entiende a un país que pone una estatua de un golpista y, como si fuera poco, autoriza su homenaje oficial? ¿Por qué tenemos que expresar nuestra protesta presencial los 11 de cada mes en la calle 21 de mayo de Valparaíso los marinos antigolpistas y ex militantes de la Resistencia antifascista mientras se ‘recuerda’ a Merino con bombos y platillos? Esta misma indignación ante un absurdo completo se lo hemos representado al presidente y al vicepresidente de la cámara de diputados, al subsecretario de Defensa, y a la presidenta de la República, Michelle Bachelet. Pero ahí sigue la estatua.”

La tropa de clase se auto-organiza

-¿Cómo enfrentaron la intriga golpista?

“A la par que el mando naval ya se preparaba para destruir a la Unidad Popular desde 1971, nosotros estructuramos una organización clandestina al interior de la Marina en todos los buques de la Escuadra nacional, como en las reparticiones de tierra a lo largo de toda la costa chilena. Teníamos dos objetivos bien claros: denunciar que en la Marina se gestaba un movimiento golpista para derribar a Allende, y crear una fuerza suficiente para detener el golpe de Estado.”

-¿Qué tipo de estructura formaron?

“Una eminentemente operativa y capaz de tomarse un buque.”

-¿Cómo procedieron a denunciar la conspiración?

“Realizamos una labor de recolección de datos de distintas partes para confeccionar un mapa seguro del complot en curso. Sólo lo informamos cuando consideramos que estaba absolutamente generalizado en la oficialidad de la Armada. Por ejemplo, en la división de Electrónica del crucero Prat donde yo me encontraba, el 80% de la gente no estaba por dar ningún golpe de Estado. Y en el conjunto de las naves las relaciones de fuerza eran más o menos similares. En fin. Hicimos las denuncias correspondientes en varias oportunidades, pero nadie nos creyó. De hecho, nos criticaron por andar ‘conspirando’ contra las fuerzas armadas que, según la Unidad Popular (UP), ‘en Chile tenían una tradición democrática’. Incluso, yo sostuve una reunión con la dirección regional del Partido Comunista donde nos aseguraron que lo que nosotros afirmábamos ‘es imposible que ocurra en Chile’. Claro. No podían darme crédito porque en aquella época la política del PCCh era ‘No a la guerra civil’. Era una postura pacifista en la cual la realidad que nosotros planteábamos no calzaba, y si no calzaba, en consecuencia, para ellos no existía. Fueron muy frustrantes nuestros vínculos con el mundo civil. Hasta nos acusaron de locos. Así también comenzó nuestro temor de que fueran a denunciarnos.”

La duda que mata y que muere

-¿Y los denunciaron?

“Finalmente, sí. La última cita que mantuvimos fue con el secretario general del Partido Socialista, Carlos Altamirano (http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Altamirano_Orrego), los primeros días de agosto de 1973, a poco más de un mes antes del golpe. Ocurrió que el grupo que había tenido la reunión con Altamirano, al abordar después sus respectivos buques, fue detenido. Y casi todos los que teníamos mayor visibilidad de nuestra fuerza, caímos prisioneros entre el 5 y el 8 de agosto. Como habíamos acordado previamente, todos negamos nuestra participación en la denuncia antigolpista. Pero al parecer ya el mando de la Armada contaba con algunas informaciones que intentó forzarnos a confesar mediante la tortura, y que tenían que ver con qué dimensión de relaciones teníamos con los partidos políticos de la UP. Pese a nuestras negativas, la oficialidad inventó una suerte de infiltración político partidista entre nosotros. Recién a mediados de agosto de 1973 nuestras familias y el mundo civil se enteraron de que había marinos presos y torturados. En ese momento comenzaron a constituirse los primeros comités de solidaridad con los marinos torturados que tenían el fin de que el Presidente Allende nos ofreciera la libertad dado que nuestra causa empalmaba con la defensa de la UP. Sin embargo, entre los titubeos del gobierno transcurrieron dos semanas más y se precipitó el golpe.”

-¿Qué pasó con ustedes?

“Nosotros permanecíamos recluidos en recintos militares. Cuando ocurrió el golpe nos cambiaron la acusación: nos convertimos en sediciosos y traidores a la patria. La mayoría estuvimos presos entre tres y 5 años. Yo estuve prisionero durante tres años y recorrí la cárcel de Concepción, de Talcahuano, la Penitenciaría, la cárcel pública de Valparaíso. A un grupo de los nuestros se lo llevaron a un campo de concentración de Ritoque donde, mediante trabajos forzados, fueron obligados a construir un nuevo campo de concentración. Como resultado de los malos tratos, yo me enfermé de tuberculosis y fui trasladado a la cárcel de Limache y luego al sanatorio Peñablanca. En 1976 la embajada de Noruega me rescató y me llevó  a ese país. Sin embargo, otros compañeros nuestros, después de salir en libertad, resolvieron quedarse en Chile a tratar de organizar la Resistencia contra la tiranía, porque estimamos que nuestro trabajo no se había terminado. No pudimos detener el golpe de 1973, es cierto. Pero sí asumimos íntegramente la hora de colaborar militarmente con la liberación del pueblo chileno. Es decir, nuestro objetivo fue combatir a la dictadura con su propio lenguaje: las armas. Lo anterior ocurrió hacia fines de los 70 y continuó en los 80 del siglo XX.”

La lucha por el reconocimiento

-¿Cuáles son los propósitos de la Agrupación de Marinos Antigolpistas?

“Nuestra asociación corresponde a una reagrupación creada al inicio de los gobiernos civiles para exigir un reconocimiento público por parte de las administraciones de la Concertación (hoy, Nueva Mayoría). Queremos que el país y el mundo sepan que no todos los uniformados fueron golpistas, que también hubo muchos que combatimos contra la dictadura, muchos que caímos en ese empeño; que nosotros también existimos. Luchamos por verdad, justicia, memoria, reparación y reconocimiento.”

-¿Y cómo les ha ido?

“Mal. Hasta ahora no se han realizado nuestras demandas.” 

lunes, 12 de enero de 2015

Chile: ¿Qué es una línea política para la transformación social?


“…no es grave cometer un error. Todo el mundo lo comete. Lo grave es persistir en él, agrandarlo y justificarlo.”
Mario Roberto Santucho

Una línea política justa es una construcción y pedagogía colectivas que se desenvuelve como un solo momento respecto de los detalles de la estrategia global, sus movimientos tácticos y el balance de las relaciones de fuerza locales e internacionales entre la minoría gran propietaria y el pueblo trabajador ampliado.

Por: Andrés Figueroa Cornejo

¿Qué es una "línea política"? Si la estrategia general es el establecimiento del gobierno de la sociedad misma y de la socialización total de la organización de la vida por el pueblo trabajador en términos ampliados y en camino a la disolución del Estado, del trabajo asalariado y de las clases sociales de intereses antagónicos e irreconciliables, entonces uno de sus momento sustantivos corresponde a que el arsenal político de los intereses de la mayoría explotada directa o indirectamente, aquel que cobra sentido en la articulación de la totalidad de los combates dispersos que se enfrentan al capital (capital/trabajo, naturaleza expoliada y saqueo/ambientalismo consecuente, patriarcado/liberación femenina y del disenso sexual, nacionalismo/socialismo, etc.), es la colaboración resuelta en la generación de las condiciones de la desobediencia popular. La síntesis de la reunión de las luchas anticapitalistas es la superación dinámica de la simple suma de sus partes y de su subordinación a una estrategia transformadora y radical.

Lo anterior sólo es un conjunto de palabras sin el análisis concreto de la realidad concreta, de las relaciones de fuerza en todos los ámbitos, la desmistificación y destrucción del fetiche de la democracia representativa y del develamiento de la dictadura del capital en la acción directa conciente, a escala nacional e internacional. Hoy habitamos el desafío crucial y sin subvenciones de recrear el proyecto liberador del género humano, lejos de los "progresismos" de umbral agotado, los populismos y la ingenuidad de retornar a los paradigmas y programas nostálgicos de un "Estado fuerte", "nacional-desarrollista" y de la ideología burguesa del "progreso infinito".

Una línea política justa reivindica la pre-existencia del y los núcleos humanos que, armados del más amplio pensamiento emancipador producido históricamente, están dispuestos a recorrer el proceso completo de su estrategia. Por eso sus componentes corresponden a las mujeres y los hombres cuyo quehacer práctico –imaginativo, audaz, crítico, valiente, inteligente, autoconciente- deletrea sus expedientes junto y desde el pueblo trabajador en lucha. Al respecto, el rol del núcleo político es democratizar colectivamente el pensamiento y las experiencias transformadoras, de modo de evitar a toda costa la formación de especialistas y de jefaturas eternas, precisamente, obstruir la repetida promesa trágica de la burocratización de cualquier empeño y los riesgos de su cooptación, esclerosis, e independientemente de la “lucidez” de sus cuadros de dirección, de la subsecuente imposibilidad de ofrecerle proyección en el tiempo ante su eventual aniquilamiento o deserción.

Una línea política coherente –en una época de reordenamiento geoeconómico de los capitalismos centrales sobre la base de una ofensiva conjunta que se expresa con brutal rigor en las sociedades dependientes de América Latina, África, gran parte de Asia y el sur de Europa- informa perfectamente sobre la desventaja estratégica desde donde se origina. Como también sabe que lo nuevo proviene de lo viejo, es capaz de descubrir las claves de la hegemonía burguesa, que los planes y las planificaciones corren de menos a más, de lo simple a lo complejo, y que la dialéctica materialista es su método de análisis por excelencia.

Muy lejos del cretinismo y la ingenuidad, en Chile, una línea política justa abreva hoy de su propia historia, en tanto forma nacional del capitalismo mundializado como nunca antes en el devenir de la humanidad, y cautela con celo mayúsculo los primeros pasos de los núcleos insubordinados. El peligro permanente de sus implosiones, desintegraciones y abortos en el actual período constituye su propia formación crítica. La estabilidad de su constante recreación requiere de verdad, disciplina, independencia política de las instituciones e intereses del poder establecido, y de la separación obligada entre las individualidades –personalismo, egotismo, acaudillamiento- y los argumentos fundados en la práctica. La confusión entre los afectos y la realidad de cada uno de sus miembros se instaura como prohibición necesaria. Obviamente, ello no excluye jamás la inclusión en su caja de herramientas analítica de la llamada psicología social y psiquiatría crítica y humanista. De hecho, de resultar desalojados esos saberes, es imposible desarmar las relaciones de alienación dominantes.

En consecuencia, una línea política justa es una construcción y pedagogía colectivas que se desenvuelve como un solo momento respecto de los detalles de la estrategia global, sus movimientos tácticos y el balance cotidiano y pormenorizado de las relaciones de fuerza locales e internacionales entre la minoría gran propietaria y el pueblo trabajador ampliado.

Asimismo, el o los núcleos insubordinados guardan distancia estratégica de la institucionalidad burguesa, dicen con la práctica pre-meditada, ganan capacidad para localizarse y deslocalizarse, se territorializan produciendo al mismo tiempo su propia retaguardia, aprovechan las debilidades del poder (por ejemplo, el descrédito estructural del sistema político que administra el Estado que subsidia al capital y se funda sobre la sobreexplotación del trabajo, la tercerización avasallante, la destrucción de la naturaleza (no existe humanidad fuera de ella) y el patriarcado); sospechan de las reformas que enmascaran la propia desesperación e inestabilidad de los que mandan todavía; se integran protagónicamente al conjunto de luchas atomizadas con el fin de aportar a la politización unitaria de las fuerzas sociales en combate de acuerdo a sus modos, gramática y rítmica.

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