sábado, 5 de mayo de 2012

El Cuadro "el Niño Llorón" ¿es un Cuadro Maldito?


El Niño Llorón 


Giovanni Bragolin alias Bruno Amadio es un pintor que murió hace algunos años. Es conocido básicamente por una peculiar pintura conocida como "El Niño Llorón".

Cuenta la historia que en él retrató a un niño de un orfanato. Años más tarde el orfanato se incendió y el espíritu del niño quedo atrapado en la pintura.

Desde entonces, se dice que quienes poseen el cuadro sufren desgracias y muertes, pues el cuadro esta maldito.

En los 50's se dieron muchos casos de casas incendiadas donde todo se encontraba destrozado y quemado, cadáveres carbonizados y lo curioso de todo esto es que el cuadro permanecía colgado en la pared sin un solo rasguño.

Se dice que al ver el cuadro, uno siente como el niño de ojos llorosos y mirada tierna te sigue con la mirada, y te pone los pelos de punta. Mucha gente posee este cuadro, pero dice que sólo ataca a aquellos que descubren que el cuadro esta encantado. En la noche se escuchan lamentos lejanos, el niño sale del cuadro sube a tu habitación y te mata, si es que no mueres antes de la impresión al ver su rostro endemoniado .Luego incendia la casa con todos adentro y borra así la evidencia de su crimen.

¿LEYENDA URBANA O PURA CASUALIDAD?

El manual interno que regula cuándo reprimir con bastones, escopetas, guanacos y zorrillos


Los pasos escalonados son: dialogar, contener, disuadir, despejar, disolver y, en última instancia, detener.

por:  La Segunda

"Medios disuasivos en uso por Carabineros de Chile en los procedimientos de control de orden público" es el manual interno que rige las actuaciones de Fuerzas Especiales, y que -en el papel- establece el "flujo gradual de intervención" sobre el cual se deben adoptar las decisiones: dialogar, contener, disuadir, despejar, disolver, detener.

"La determinación del uso de los medios obedece a una apreciación rápida de la situación (...), relacionar en forma instantánea el comportamiento actual o inminente de la muchedumbre y su obligación de cautelar y restablecer el orden público", señala el texto.

Guanaco: Lanzar "agua lluvia" si hay transeúntes

Identifica cinco elementos a utilizar. El asignado con la letra A (no se especifica si hay un orden de uso) es el carro lanza agua o "guanaco".

El texto establece que "es el elemento disuasivo principal para disolver manifestaciones", especialmente las violentas o con barricadas

Para proceder a su uso, "se deben haber agotado las instancias de diálogo y que la agresividad de los manifestantes haya adquirido gran fuerza".

"Cada vez que un grupo de manifestantes no sea identificado claramente y exista la posibilidad de mojar a transeúntes que no participan en la manifestación, deberá utilizarse el sistema con un chorro del tipo agua lluvia", establece. "La operación debe ser corta y precisa".

El agua puede ser mezclada con lacrimógeno CS al 15%, "sólo con manifestantes que desobedezcan las contenciones, despejes o detenciones por parte de la Fuerza Pública".

Zorrillo: "Categoría multipropósito"

Otro disuasivo es el jeep blindado táctico de reacción policial: El "zorrillo", que lanza gas lacrimógeno, y que "por ser de categoría multipropósito, puede operar tácticamente en diferentes escenarios".

Si no funciona el agua ni los gases... las escopetas

También está la escopeta antimotines marca Hatsan modelo Escort, calibre 12, "la cual ocupa munición con perdigones de goma marca TEC (...) Se utiliza como elemento de defensa, principalmente para repeler ataques con armas de fuego".

"Su empleo debe ser consecuencia de una aplicación progresiva de los medios y cuando el efecto de elementos tales como agua, gases y otros han resultado ineficientes". "Al utilizar el arma se debe tener especial precaución en cuanto al lugar (abiertos, cerrados, pasajes, calles), distancia entre el tirador y la muchedumbre, además de la cantidad de personas que se pretende persuadir o dispersar".

Se señala que "se usa particularmente" en "protección de instalaciones, en especial aquellas muy abiertas" y "como armas de apoyo en vehículos policiales de reacción rápida que operen en actividades de control de orden público, que permita contrarrestar o neutralizar atentados con alta potencia de fuego".

Bastón para "control de muchedumbres"

Otro elemento disuasivo es el "bastón de servicio para el control de muchedumbres" modelo Isomer. Tiene 84 centímetros de largo y pesa 354 gramos, fabricado de polietileno, que se usa "como elemento de defensa ante agresiones de manifestantes que forman parte de muchedumbres violentas o agresivas". Con él se pueden aplicar "bloqueos, golpes y desplazamientos considerados en la esgrima de bastón".

Carabinas lanzagases: Nunca disparar al cuerpo

Finalmente, están las carabinas lanza gases marcas Stopper y AM-600. "Ambas diseñadas para efectuar disparos de cartuchos lacrimógenos, de señales luminosas y de bengalas". Se advierte que "cuando por necesidad imperiosa se deba usar, ésta nunca se utilizará al cuerpo de las personas que se manifiestan...Debe ser disparada en forma de parábola a favor del viento y a una distancia suficiente para que los gases produzcan el efecto deseado... Se deberá efectuar disparos haciendo rebotar los proyectiles para proyectarlos hacia la multitud".

Todos los dispositivos que lancen gases "deben ser (usados) en espacios abiertos y en forma gradual... En ningún caso podrá ser disparada en contra de lugar residencial o cerrado".

NUEVO GÜANACO, CERO MILLAS DE PAQUETE

DIFUNDIR // ESTA ES UNA ILUSTRACION DE LOS NUEVOS CARRROS LANZA AGUA DE CARABINEROS, NO SU FORMA PERO SI SUS FUNCIONES ENTRE LAS QUE DESTACAN LAMENTABLEMENTE:

- 3 PITONES EXTRAS DOS A CADA COSTADO Y UNO TRASERO
- CAMARA PERIMETRAL EN MASTIL DE 4 METROS
- CABINA DE PAREDES LISAS PARA EVITAR MONTARSE SOBRE ELLA

FUENTE: http://www.elmostrador.cl/media/2012/05/Resoluciion-134-carros-lanza-agua.pdf



Cómo grabar una revolución y protegerte - Guia para grabar los abusos po...

CITACIÓN Gran Ampliado en Lota


Nuevamente noche de Tangos, boleros, Valsesitos peruanos...

Entrada Liberada,este Jueves 10 de Mayo....Todos y todas invitados/as



viernes, 4 de mayo de 2012

Malvinas Argentinas Olimpiadas Londres 2012 entrenando en suelo argentino

NO MAS PRESOS POR PLANTAR


Convocatoria Dildo Roza – Ábrete


El audaz evento, organizado por la galería de arte y sexo Dildo Roza, se realizará en el Club Lido, un famoso Night Club capitalino y cuenta con el auspicio de la Revista para Adultos Cariño Malo

“ÁBRETE, la cortesana en la pintura” es el nombre de ésta exposición que abordará la temática de la prostituta y su estrecha relación con el mundo del arte que las ha retratado a lo largo de la historia. Creada y organizado por la Galería virtual de Arte y Sexo Dildo Roza, que el año pasado sorprendió al organizar un exitoso Festival de Video Arte Porno, la exposición promete transformar el Night Club Lido en una galería de arte.

El evento ya cuenta con el auspicio de la revista para adultos Cariño Malo y con el patrocinio de importantes instituciones como la Universidad de Chile, Universidad Arcis, Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación y la Asociación de Pintores y Escultores de Chile (APECH).

La convocatoria para participar esta abierta hasta el primero de junio y se invita a los realizadores chilenos interesados en explorar la temática de la prostituta a través de la técnica pictórica, a enviar sus obras.

El Miércoles 20 de Junio a las 19:00 será la inauguración, en donde serán exhibidas todas las obras seleccionadas, que además serán incluidas en el catalogo de la exposición y pasaran a ser parte de la Galería Virtual de Arte y Sexo Dildo Roza, que es una producción de la agencia creativa Cemento Negro (www.cementonegro.com)

Más información: www.dildoroza.com 



Sindicato Unidad de Trabajadores- “SUTRA-CHILE ...


 ... claridad se lee DDHH. SUTRA, nos hemos ganado un espacio, no por ser pequeño, para nosotros tremendo de importante, los observadores Sutra, queremos compartir con ustedes el cómo surgió nuestro sindicato Unidad de trabajadores, R.S.U.

Reconocimiento al Sutra, a los observadores de Derechos Humanos y corresponsalía





CARTA DE LA wALSH AL EMBAJADOR DE CHILE CONTRA LA REPRESIÓN

Viernes, 16 de marzo de 2012

Reconocimiento al Sutra, a los observadores de Derechos Humanos y corresponsalía


Señor Adolfo Zaldívar Larraín
Embajador de la Republica de Chile En la República Argentina

Señor Embajador
Por medio de la presente la Agencia de Comunicación Rodolfo Walsh se dirige a Ud. y por su intermedio al Gobierno de la República de Chile, para informarle sobre nuestro reconocimiento y corresponsalía al Sindicato de Trabajadores Independientes de Distintas Áreas de la Producción y Servicios "SUTRA CHILE", con RSU 13013922, siendo su presidenta Verónica Brito Castro, y específicamente al área de Derechos Humanos y socios del sindicato que se encuentran en terreno en calidad de Observadores de DD.HH CONVENIOS INTERNACIONALES Y DERECHOS INDIVIDUALES SUTRA CHILE.


A su vez deseamos expresarle nuestra profunda inquietud en consonancia con la carta enviada al Presidente de Chile por Amnistía Internacional que ve con mucha preocupación las Violaciones a los DD.HH. durante las protestas en Chile.


Esperando que concluya esta represión al pueblo chileno nos despedimos en una actitud de alerta solidario con cualquier ser humano que sufra los abusos del Estado trasandino y nos reservamos las acciones de denuncia internacional, legales y de movilización popular que correspondan.


Rosana Trad--
Rodolfo Grinberg
Oscar Castelnovo
DNI 14526072          
DNI 12279.528
DNI 12752072

                         
                            

El rey Carlos de Borbón, declarado "persona non grata" en una localidad de Barcelona



El Ayuntamiento aprueba esta moción por considerar que es rey por herencia del dictador Franco

El Ayuntamiento de Berga, en Barcelona, ha aprobado una moción para declarar al rey "persona non grata".

La moción se ha aprobado con los votos a favor de La Candidatura d'Unitat Popular y las abstenciones de CiU y el PSC. El Partido Popular ha votado en contra.

La formación independentista considera que Juan Carlos de Borbón no es rey como resultado de un proceso democrático sino como consecuencia de la herencia dictada por Franco.





Quiénes y por qué mataron a Lumi Videla y arrojaron su cuerpo en la embajada italiana de Santiago




Ex Embajador de Italia en Chile, Emilio Barbarani (“Chi ha ucciso Lumi Videla”, ed. Mursia, Milán, 2012) recuerda el Chile de los primeros años de la dictadura y revela entretelones inquietantes sobre el asesinato de la dirigente del MIR. Era la madrugada del 4 de noviembre de 1974, una primavera agradable y placentera que contrastaba dramáticamente con el terror frío y ponzoñoso que invadía Chile donde la represión recrudecía y se había convertido en práctica común de la dictadura, cuando un grupo de asilados en la Embajada italiana de Santiago escuchó un ruido sordo en un extremo del patio. | NICCOLÓ ALDOBRANDINI.*

Al ir a ver se encontraron con un espectáculo macabro: el cadáver de una mujer con evidentes signos de tortura. Inmediatamente los asilados advirtieron al joven diplomático Enrico Calamai, que pernoctaba en la citada residencia, quien a su vez se comunicó de inmediato con las autoridades chilenas. Pocos días después Calamai abandonaría el país aquejado de una grave úlcera. (Tras su recuperación en Italia, en 1976 fue designado Cónsul en e Buenos Aires donde ayudó a expatriar a centenares de perseguidos de la dictadura del triunvirato compuesto por los tres jefes de las Fuerzas Armadas, Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti).

A raíz del alejamiento de Calamai, el único diplomático italiano que permanecía en Santiago era el embajador Tomasso de Vergottini, que ni siquiera tenía realmete ese status porque el gobierno italiano nunca reconoció a la dictadura chilena, era una función nebulosa, ya que no tenía rango diplomático, pero tampoco era turista.

En 1974 la prensa chilena adicta al régimen (por otra parte la única que existía) había descrito el homicidio de Lumi Videla como una reyerta, ocurrida en el interior de la residencia diplomática, durante una “orgías entre asilados”, versión que quedó totalmente descartada en la investigación judicial realizada por el magistrado Juan Araya, que estableció fehacientemente que la joven asesinada nunca estuvo en ese lugar en calidad de refugiada.

En esas circunstancias, sin pasaporte diplomático y con el enorme problema del cadáver lanzado al jardín de la Embajada otro joven diplomático, Emilio Barbarani, hasta ese momento designado en Buenos Aires, llega a Santiago los primeros días de diciembre de 1974, un mes después del descubrimiento del cadáver de la dirigente del MIR.  La misión del diplomático termina en 1975, el año de los recuerdos que describe en su libro-memoria Chi ha ucciso Lumi Videla (Ed. Mursia, Milábn, 2012), ¿Quién mató a Lumi Videla? en castellano. Años después, en 1998, Barbarani volvería a Chile como embajador de Italia.

En sus memorias, Barbarani recuerda no solamente las tensísimas relaciones entre los refugiados (unas 250 personas, la mayor parte niños que, a raíz del episodio del cadáver estaban literalmente prisioneros en la residencia diplomática), sino sobre todo el terreno minado donde los diplomáticos italianos tenían que actuar, sobre todo en su relación con los servicios de Inteligencia chilenos (la DINA) en ese momento en lucha sin cuartel con otro de los servicios represores, el SIFA, el Servicio Secreto de la Fach.

Asimismo, el libro describe las relaciones personales (y amorosas) entre Barbarani y dos figuras femeninas fundamentales: una agente del SIFA, “Wanda”, (de la que no revela nunca el nombre verdadero, quien años más tarde moriría en Londres de un tumor al cerebro y quien le daría una inquietante clave de lectura acerca del crimen de Lumi Videla) y su polola “oficial”, la joven Paula Carvajal, hija del Almirante Carvajal, en ese momento canciller del gobierno militar. A Barbarani esta relación le abriría las puertas de la casa de uno de los máximos exponentes del gobierno.

En realidad el libro no pone en tela de juicio “quién mató a Lumi Videla”, sino que se interroga sobre “por qué la mataron” y, en particular las razones por las qué tiraron su cadáver al interior de la Embajada italiana, una provocación sin sentido ya que, a pesar de la mordaza imperante era imposible que la verdad, tarde o temprano no saliera a flote. Y eso fue lo que efectivamente ocurrió muchos años después.

Por el asesinato de Lumi Videla, el año 2006 fueron declarados culpables los generales retirados Manuel Contreras Sepúlveda, ex jefe operativo de la DINA y Maximiano Ferrer Lima; los brigadieres (R) Miguel Krassnoff y Christophe Willike; el coronel (R) Marcelo Morén Brito y el cabo (R) Basclay Zapata.

En la última parte de las memorias (la más reveladora e inquietante) Emilio Barbarani recuerda la petición, de asilo político, a mediados de 1975, del agente del SIFA, “Daniel Ramírez Montero”, según el libro. En realidad se trata de Rafael González Verdugo, procesado como cómplice del homicidio del estadounidense Charles Horman, descrito en todo su dramatismo en la película “Missing”, de Costa Gavras. El agente fundamentó la petición de asilo a los italianos diciendo que estaba perseguido por la DINA, por haber denunciado la corrupción del “Coronel K”, en ese momento el segundo hombre de la DINA, de quién Barbarani nunca despeja la verdadera identidad, aunque es probable que se trate del en ese momento subdirector de la DINA, Mario Janh.

Como en 1975 la residencia italiana ya estaba vacía, los diplomáticas, previas consultas con Roma deciden asilar a “Ramírez Montero” en las oficinas de la Cancillería italiana, y a partir de ese momento empieza una serie de amenazas telefónicas a Barbarani que podrían haber pasado a mayores. Incluso el libro revela que se logró desarticular (gracias a los buenos oficios de las “altas esferas” con quienes se vinculaba) un ataque de la DINA a la cancillería para secuestrar al desertor, que se había asilado con su mujer y su pequeño hijo.

Las amenazas de la DINA a Barbarani por haber acogido al agente del SIFA, enemigo del coronel “K”, se intensifican y este hecho persuade al gobierno italiano de la necesidad de trasladarlo. Su misión termina a fines de 1975 y a mediados de 1976 llega a Londres. En la capital británica encuentra a una antigua conocida, Wanda , que habría desertado del SIFA y que le cuenta lo siguiente: en realidad la denuncia de González Verdugo contra “K” no es por corrupción, sino por “alta traición” y “espionaje”.

Antes del golpe el “coronel K”, según Wanda, habría conocido a Lumi Videla y el militar le habría hecho algunas confidencias que ella habría pasado al MIR y éstos a su vez a los servicios secretos cubanos. Después del arresto, la joven habría confesado parte de las confidencias de “K” y por represalia la habrían asesinado. El hecho de tirar el cuerpo en la embajada italiana cumplía dos funciones, revela el libro: por una parte amenazar a los diplomáticos italianos para obligarlos a cerrar la embajada, la única abierta hasta ese momento, noviembre de 1974; por la otra enviar un mensaje a los miristas que estaban en la en ella.

Cuando lanzaron el cadáver de Lumi se encontraba asilado en la Embajada Italiana uno de los dirigentes máximos del MIR, el médico Humberto Sotomayor, que había sido, sin embargo, expulsado de la organización, acusado de haber abandonado al herido Miguel Enríquez abatido el 5 de octubre de 1974 después de un tiroteo en su propia casa. Pero también en ese momento estaba en la Embajada la cuñada de Andrés Pascal, el nuevo jefe del MIR, que se había asilado con la menor de las hijas de éste, una niñita de alrededor de tres años: por lo tanto era probable que hubiese relaciones directas entre los miristas de la Embajada y la cúpula de esa organización.

Al final de sus memorias, Barbarani recuerda que poco tiempo después de haber llegado a Londres, y mientras González Verdugo todavía estaba en las oficinas de la cancillería, ya que las autoridades se negaban a darle el salvoconducto, leyó en la prensa inglesa una breve información sobre un accidente que habría tenido el coronel “K” (accidente totalmente comprobado): se le habría disparado “accidentalmente” la metralleta que tenía en el asiendo trasero del auto que desbandó, mientras su ocupante se había salvado por milagro. Poco tiempo después a González Verdugo le dan el salvoconducto y puede abandonar el país.

Curiosamente, la publicación del libro en Italia, que ha obtenido numerosas reseñas en este país, ha pasado inadveetido en Chile: ¿será quizás porque las trazas que Barbarani deja en su libro conducen más o menos directamente, como ya se ha señalado, al coronel retirado Mario Jahn?. Sobre esta situación la agencia italiana ANSA, reseñando el libro, escribe: “por el asesinato de la joven un tribunal condenó a seis personas, todas de la DINA, pero no al coronel “K” que hoy vive sin problemas en Santiago”.



La carne podrida es tratada con monóxido de carbono para hacer que se vea fresca en el supermercado



La mayoría de los comedores de carne pueden no ser conscientes de que más del 70% de toda la carne y pollo en los Estados Unidos, Canadá y otros países está siendo tratada con un gas venenoso, el monóxido de carbono. Se puede hacer ver como fresca carne deteriorada desde hace semanas. La industria de la carne sigue permitiendo la inyección de gases tóxicos en muchos de los productos cárnicos que consume la gente sobre una base diaria. La pregunta es, ¿cuántas personas se han enfermado por esta carne químicamente alterada que se vende a las familias de todo el mundo?.

El monóxido de carbono (a menudo denominado como CO) es un gas incoloro, inodoro, insípido, una mísera molécula de oxígeno lejos del dióxido de carbono que todos exhalamos. Pero esta molécula, hace una gran diferencia en cosas muy muy malas para el cuerpo humano a concentraciones muy muy bajas.

El CO es tóxico porque se adhiere a la hemoglobina, una molécula en la sangre que transporta generalmente el oxígeno. Cuando las personas están expuestas a niveles más altos de CO, el gas ocupa el lugar del oxígeno en el torrente sanguíneo y causa estragos. Exposiciones leves significa dolores de cabeza, confusión y cansancio. Exposiciones más altas significa inconsciencia y la muerte, e incluso aquellos que sobreviven a la intoxicación por CO pueden sufrir graves consecuencias neurológicas a largo plazo.


El canadiense Meat Packers Council recomienda que la temperatura interna de la carne no supere 4 grados Celsius o 39 grados Fahrenheit. Que también ha sido definida por otros reguladores internacionales de la carne como la mejor temperatura de almacenamiento de la carne. Incluso un pequeño aumento de uno o dos grados puede causar un gran aumento del crecimiento bacteriano. Por ejemplo, un aumento de la temperatura de 1,5 grados Celsius a 2 grados Celsius, reduciría la vida útil de la carne a la mitad.

Sin embargo, mantener la carne a estas temperaturas es muy difícil para los minoristas de comestibles. La temperatura de la superficie real de la carne fresca a menudo es mucho más alta de lo que muestra el termómetro de la vitrina, debido a la radiación UV de la iluminación de la vitrina que penetra en el envasado de la carne y calienta la superficie al igual que el sol puede causar una quemadura en un frío día de invierno. Varios estudios han encontrado que la temperatura interna de la carne en las vitrinas es superior a 50 grados centígrados, que es 10 grados más alta que la temperatura recomendada.

La carne por lo tanto se descompone muy rápidamente, por lo que la industria de la carne invierte mucho en el envasado en atmósfera modificada utilizando el gas de monóxido de carbono para prolongar la vida útil y resistencia al deterioro.
En un sistema de monóxido de carbono, con niveles bajos de oxígeno, el monóxido de carbono reacciona con la mioglobina y da a la carne un color rojo brillante. La mezcla con bajo oxígeno limita artificialmente el crecimiento de los organismos de descomposición que son comúnmente causados por el aumento de los niveles de calor en las vitrinas.

Así que, aunque el monóxido de carbono es un gas que puede ser fatal si se inhala en grandes cantidades, la industria de la carne insiste en que no es perjudicial para la salud humana cuando se ingiere a través de envases atmosféricos.

Esto no es cierto, puesto que la bacteria C.perfringens, es la tercera causa más común de enfermedades transmitidas por alimentos, se ha comprobado que se desarrolla en lo que se considera “carne fresca” en los supermercados aun cuando está dentro de las fechas de caducidad de las etiquetas. Marissa Cattoi un técnico de laboratorio que analiza muestras de carne para una agencia de seguridad y salud dice que las bacterias se encuentran comúnmente en la carne fresca comestible. “Comúnmente las pruebas de bacterias C.perfringens aproximadamente la mitad de los productos cárnicos frescos que llegan dan positivo a pesar de que están dentro del plazo de caducidad. El 100% de estos casos provienen de los empaquetadores que adoptaron métodos atmosféricos de embalaje, tales como la utilización de gas de monóxido de carbono”, afirmó.

Los Estados Unidos, Canadá, Australia, Reino Unido y muchos países europeos utilizan en la actualidad las prácticas de envasado atmosférico para evitar que la carne se eche a perder.

Natasha Longo tiene un master en nutrición y es consejera de nutrición y adaptabilidad certificada. Ella ha sido consultora sobre políticas de salud pública y adquisiciones en Canadá, Australia, España, Irlanda, Inglaterra y Alemania.


Traducción: elnuevodespertar
Fuente Prima: preventdisease


jueves, 3 de mayo de 2012

Los estremecedores testimonios de cómo y quiénes asesinaron a Víctor Jara

Por : Jacmel Cuevas en Reportajes de investigación 

A casi cuatro meses de conmemorarse 36 años de la muerte del destacado folclorista chileno, el tesón de su viuda Joan Turner y de sus hijas, logró que la investigación judicial llegara al punto que se creía imposible: individualizar al grupo de oficiales y conscriptos que perpetraron el asesinato. Las confesiones de los involucrados, entre ellos un conscripto que participó en forma directa en el crimen, permiten conocer las estremecedoras últimas horas de vida de Víctor Jara y la forma en cómo lo mataron en uno de los camarines del subterráneo del Estadio Chile. También la historia nunca antes contada de cómo se rescató su cuerpo desde la Morgue. Junto al artista, fueron acribilladas otras 15 personas, entre los que se encontraba el ex Director de Prisiones, Litre Quiroga. Los detalles del homicidio fueron recabados en la presente investigación de CIPER.
A casi cuatro meses de conmemorarse 36 años de la muerte del destacado folclorista chileno, el tesón de su viuda Joan Turner y de sus hijas, logró que la investigación judicial llegara al punto que se creía imposible: individualizar al grupo de oficiales y conscriptos que perpetraron el asesinato. Las confesiones de los involucrados, entre ellos un conscripto que participó en forma directa en el crimen, permiten conocer las estremecedoras últimas horas de vida de Víctor Jara: un subteniente jugó a la ruleta rusa con él hasta que le descerrajó un tiro en su cabeza. Después ordenaron acribillarlo en un camarín de un subterráneo del Estadio Chile. También revelamos la historia nunca antes contada de cómo se rescató su cuerpo desde la Morgue. Junto al artista, fueron acribilladas otras 15 personas, entre los que se encontraba el ex Director de Prisiones, Litre Quiroga. Los detalles del homicidio fueron recabados en la presente investigación de CIPER.
El caos, la incertidumbre y el miedo que reinaron en el país durante los primeros días tras el golpe militar de 1973 parecían, hasta ahora, haberse conjugado de manera perfecta para que el asesinato del destacado folclorista Víctor Jara siguiera siendo un enigma judicial, llevando incluso al juez que instruye el proceso, Juan Eduardo Fuentes, a cerrar el caso a mediados del año pasado, con un solo procesado como responsable del crimen: el comandante (r) César Manríquez Bravo, jefe del improvisado campo de prisioneros que se instaló en el Estadio Chile a partir del 12 de septiembre de ese año.
La decisión del magistrado fue cuestionada por los querellantes del caso, quienes incluso obtuvieron el respaldo del entonces subsecretario del Interior Felipe Harboe, para pedir la reapertura de la investigación, llamado al que se sumaron varios parlamentarios de la Concertación. La urgencia por revocar la decisión de Fuentes fue tal que incluso la autoridad gubernamental se sumó al emplazamiento público que hizo la viuda del artista, Joan Turner, para que cualquiera de las cerca de 6.000 personas que pasaron por el recinto deportivo en esa fecha (entre detenidos y uniformados), que pudiera tener antecedentes del asesinato se acercara a entregarlos, incluso, bajo la más estricta reserva.
Nelson Caucoto, abogado de la familia Jara Turner, relata que se recibieron muchas colaboraciones que podían aportar a esclarecer el homicidio, lo cual le permitió presentar un escrito solicitando más de 90 nuevas diligencias al juez. Y Juan Eduardo Fuentes reabrió el caso.
Sin embargo, ninguno de estos datos entregó pistas concretas para llegar a los responsables del crimen, cuyas identidades quedaron bajo el secreto de un grupo reducido de oficiales y conscriptos que estuvieron a cargo de interrogar a los detenidos en los camarines ubicados en los subterráneos del Estadio Chile. Fue la exhaustiva búsqueda de los conscriptos de distintos regimientos que estuvieron después del golpe en el Estadio Chile, la que terminó por dar las pistas de quienes fueron los uniformados que ultimaron con ráfagas de fusil a los cerca de 15 detenidos -entre ellos Víctor Jara- que fueron apartados de los restantes prisioneros al producirse su traslado al Estadio Nacional, entre el 16 y 17 de septiembre de 1973.

Las primeras horas del final

Victor JaraEn la madrugada del 11 de septiembre de 1973, personal de varios Regimientos militares ubicados en regiones se trasladaron a Santiago, bajo la excusa de realizar los preparativos de la Parada Militar, para conmemorar el día de las Glorias del Ejército. Así arribaron a Santiago las unidades de La Serena y el Maipo, las que se constituyeron en el Regimiento Tacna. Otros efectivos provenientes de Calama y de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes – comandada por el coronel Manuel Contreras Sepúlveda, quien a los pocos días iniciaría la organización de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA)- lo hicieron en las dependencias de Arsenales de Guerra.
Cerca de las cinco de la mañana de ese día, las tropas apostadas en esta última repartición fueron informadas del golpe de Estado, bajo la arenga del teniente Pedro Barrientos, quien los emplazó a participar en la toma del territorio capitalino bajo la premisa que en esa misión no habían rangos, que todos eran importantes en ese crucial y patriótico acontecimiento. El episodio ha sido relatado en las declaraciones judiciales de varios conscriptos de los regimientos Maipo y Tejas Verdes que llegaron desde la Quinta Región.
Tras el bombardeo a La Moneda y la muerte de Salvador Allende, cerca de 600 estudiantes y profesores se amotinaron en la Universidad Técnica del Estado (UTE, actual USACH) para resistir la ocupación militar. Sin llegar a producirse enfrentamientos, ya que casi no tenían armas, fue muy poco el tiempo durante el cual pudieron oponerse a la entrada de los uniformados.
Pasadas las dos de la tarde del 12 de septiembre comenzó el desalojo de los académicos y alumnos. Entre escenas de gran violencia y dramatismo fueron detenidos y trasladados al Estadio Chile. En ese grupo se encontraba Víctor Jara Martínez, profesor de esa casa de estudios. El procedimiento fue dirigido por el entonces capitán Marcelo Moren Brito, quien luego se transformaría en uno de los más temidos agentes operativos de la DINA. Al momento de ingresar al Estadio Chile, convertido en campo de prisioneros, a los detenidos se les quitaban sus especies de valor, se les anotaba su nombre y filiación política.
Antes de ello, durante la tarde del 11 de septiembre, después de encargarse del funeral de Salvador Allende, el comandante César Manríquez fue encomendado por el general Arturo Viveros -jefe del Comando de Apoyo Logístico y Administrativo del Ejército (CAE)- para crear el primer recinto de detención que se debía instalar en el Estadio Chile. A la mañana siguiente, Manríquez se constituyó en el recinto. Poco después comenzaron a llegar los miles de detenidos que arribaban en buses de la locomoción colectiva y camiones del Ejército.
Según las propias declaraciones de Manríquez que, hasta ahora, era el único procesado en el caso, lo ocurrido al interior del recinto deportivo –construido sólo cuatro años antes de los hechos- era un escenario “dantesco” debido a la gran cantidad de prisioneros (5.600, según sus cálculos). El ex uniformado asegura que sólo contó con personal de apoyo del CAE para custodiar el recinto, pero que en los subterráneos del edificio se constituyeron oficiales de Inteligencia de las distintas Fuerzas Armadas, cuyas identidades desconocía, ya que no habrían estado bajo su mando.
Esa es la razón con la que justificó haber montado una escena de terror para amedrentar a los detenidos. Colocó dos ametralladoras punto 50 –usadas en la Segunda Guerra Mundial- en los balcones del edificio, las que eran publicitadas por los parlantes como las “sierras de Hitler, capaz de partir a una persona en dos”. En el segundo piso también se instalaron potentes focos de luz, que permanecían encendidos día y noche, provocando que todos los que permanecieron al interior del Estadio perdieran la noción del tiempo.
Los primeros días de encierro fueron caóticos, ya que incluso se reventaron algunos alcantarillados, generando problemas de insalubridad. Tampoco tenían alimentos ni para los soldados ni menos para los prisioneros. La escasez de comida incluso provocó que los mismos militares saquearan negocios aledaños al recinto. Sólo al cuarto día, el 16 de septiembre, se recibieron algunas raciones para los soldados, según declaró el capitán David González Toro, encargado de abastecimiento del recinto.
Victor JaraSe desconoce la hora a la que ese miércoles 12 de septiembre arribaron los miembros de los servicios de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. Lo que sí se sabe es que, tras su llegada, comenzaron a interrogar a los detenidos. Todo se anotaba en una ficha previamente confeccionada, donde se consignaba el nombre, la cédula de identidad, domicilio, filiación política, antecedentes de la detención y observaciones. En la parte inferior del documento, se añadía un pronunciamiento del interrogador en el que debía calificarlo como prisionero bajo las siguientes premisas: ley de control de armas, marxista o comunista y sobre la necesidad o no de someterlo a Consejo de Guerra.
Según diversos testigos que han declarado en el caso, previo al traslado al Estadio Nacional hubo muchos hechos de violencia en contra de los prisioneros. Se ha determinado que al menos tres personas habrían perdido la vida en las graderías del recinto. Una persona de contextura pequeña y delgada que muchos confundieron con un niño y que en un acto de desesperación se abalanzó sobre un conscripto, quien reaccionó descargando una ráfaga en su abdomen. Según testimonios, el comandante Manríquez felicitó al soldado por su “heroica labor”. Otro prisionero se lanzó del segundo piso gritando ¡Viva Allende!, mientras que un hombre joven fue muerto a golpes de culata en su cabeza por haberse negado a cumplir órdenes de los militares.
A esta cifra se suman otras 15 personas que habrían sido acribilladas junto a Víctor Jara en los subterráneos del Estadio, según la confesión del primer hombre en ser individualizado por la justicia como uno de los autores del asesinato del destacado folclorista.

Los hombres de Tejas Verdes

En sus declaraciones, todos los conscriptos que viajaron desde la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes (dirigida entonces por el coronel Manuel Contreras) a Arsenales de Guerra, en Santiago, coinciden en que las tropas venían bajo el mando del capitán Germán Montero Valenzuela, sumando un contingente de aproximadamente un centenar de soldados y una veintena de oficiales.
El 12 de septiembre, al llegar al Estadio Chile, el contingente quedó a cargo del comandante Mario Manríquez. Entre los oficiales que participaron en esta misión, los conscriptos mencionan a los tenientes Nelson Haase y Rodrigo Rodríguez Fuschloger, y a un subteniente que tendrá un papel decisivo en el asesinato de Víctor Jara.
La primera confesión que obtuvo el juez Fuentes sobre el crimen fue la del ex conscripto José Alfonso Paredes Márquez (55 años). El entonces joven de 18 años llegó a Santiago durante la madrugada del 11 de septiembre de 1973, proveniente de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, donde desde abril de ese año realizaba su servicio militar.
Durante el día en que la vida de los chilenos se partió en dos, su sección fue enviada, al mando delteniente Pedro Barrientos, a custodiar el camino Padre Hurtado. Paredes dice haber sido una suerte de guardaespaldas del teniente Barrientos.
Al mediodía del 12 de septiembre, el contingente se trasladó, primero a Arsenales de Guerra y luego a la Universidad Técnica (actual USACH). Allí, pasadas las dos de la tarde, procedieron a trasladar a los detenidos al Estadio Chile. El mencionado oficial, junto a Paredes, acompañaron a bordo de un jeep la caravana de buses de la locomoción colectiva que trasladaron a los prisioneros. Una vez la misión cumplida, regresaron a Arsenales de Guerra.
Victor JaraEl 16 de septiembre, cerca de las 18:00 horas, el escuadrón de militares llegó hasta el Estadio Chile, donde se presentaron ante un oficial de rango superior cuya identidad desconoce, quien les ordenó vigilar las casetas de transmisión del recinto. Y en el interior del Estadio, los otros conscriptos comentaban que ahí estaban detenidos el Director de Prisiones, Litre Quiroga; el cantautor Víctor Jara y el Director de Investigaciones, Eduardo “Coco” Paredes.
Siempre según la confesión de Paredes, al día siguiente fue enviado al sector del subterráneo. Y permaneció como centinela en la puerta de uno de los camarines destinados a los detenidos. En ese camarín había 5 ó 6 oficiales de otros regimientos, con tenida de combate, cuya identidad desconoce. Los vio escribir en unos papeles los datos que le respondía un detenido al que observó sentado frente a un escritorio. En otro ángulo del camarín, Paredes vio a otros prisioneros mirando hacia la pared.
Unas horas después, llegaron a la habitación el teniente Barrientos y el subteniente que bajo las órdenes de Haase y Rodríguez estaba a cargo de los conscriptos. Traían a un detenido. Fue entonces que dice haber sido llamado, junto al conscripto Francisco Quiroz Quiroz (55 años), y que se les comunicó que el detenido era Víctor Jara. El grupo lo comenzó a insultar por su condición de comunista. Paredes lo miró y lo reconoció. Víctor Jara quedó allí, en ese camarín, custodiado por Quiroz.
Más tarde, recordará el principal testigo, el teniente Barrientos lo mandó nuevamente al subterráneo, al mismo camarín. Pero esta vez Paredes no encontró a nadie: ni interrogadores ni detenidos y tampoco a Víctor Jara. Pasaron las horas hasta que Paredes vio nuevamente llegar a los oficiales interrogadores. La orden fue precisa: traer a los detenidos que figuraban en una lista que uno de los oficiales le entregó a un cabo. Y nuevamente el mismo procedimiento: interrogatorio y las anotaciones en cada una de las fichas.
Y llegó la noche. Paredes se encontraba de centinela en el mismo camarín del subterráneo cuando observó el ingresó de unos quince detenidos. Y entre ellos reconoció a Víctor Jara y también a Litre Quiroga. Ambos fueron lanzados contra la pared. Detrás de los prisioneros, Paredes vio llegar al teniente Nelson Haase y al subteniente que también estaba a cargo de los conscriptos. Y fue testigo del minuto preciso en que el mismo subteniente comenzó a jugar a la ruleta rusa con su revólver apoyado en la sien del cantautor. De allí salió el primer tiro mortal que impactó en su cráneo.
El cuerpo de Víctor Jara cayó al suelo de costado. Paredes observó cómo se convulsionaba. Y escuchó al subteniente ordenarle a él y a los otros conscriptos que descargaran ráfagas de fusiles en el cuerpo del artista. La orden se cumplió. Todo lo que ocurrió fue presenciado por Nelson Haase, quien se encontraba sentado detrás del escritorio de interrogación. Según el protocolo de autopsia, el cuerpo del cantautor tenía aproximadamente 44 impactos de bala en su cuerpo.
Pocos minutos después, el mismo subteniente que le disparó en la cabeza solicitó el retiro del cuerpo. Llegaron unos enfermeros con camilla, lo levantaron y metieron al interior de una bolsa y luego lo cargaron hasta la parte trasera de un vehículo militar estacionado en el patio del recinto, al costado nororiente.
No fue fácil para José Alfonso Paredes Márquez confesar ante el juez lo que vio y protagonizó. Primero fue renuente a reconocer su real participación en los hechos. Y finalmente se quebró, empezó su relato y ya no paró. Este obrero de la construcción que fabrica casas en la zona del litoral central, reveló haber guardado el secreto durante casi 36 años, sin siquiera habérselo contado a su mujer. También hizo una aclaración ante el juez: durante los días posteriores al golpe, y como trabajaban casi 24 horas al día, la oficialidad les entregaba estimulantes para evitar el sueño y el hambre, por lo cual su relato podía no ser exacto en las fechas.
Lo que Paredes y otros conscriptos sí recordaron fue lo que pasó luego que el cuerpo de Víctor Jara desapareció del camarín. Los otros 14 detenidos que venían con el cantautor y director teatral fueron acribillados con fusiles percutados por los propios conscriptos y oficiales presentes. Entre las víctimas cayó asesinado Litre Quiroga. Sus cuerpos también fueron cargados en el mismo vehículo. Poco después y al amparo de la noche, todos ellos fueron abandonados en la vía pública.

El último vía crucis de Víctor Jara

Victor JaraDurante la reconstitución de los hechos, los testigos pudieron recrear el miedo y el caos reinante en el Estadio Chile, clima al que tampoco escapaban. Escenas que enlazadas permiten reconstruir en forma difusa las últimas horas de vida de Víctor Jara y en las que aparecen nuevamente personajes ya conocidos.
Durante sus cuatro días de cautiverio, Jara fue reconocido por un oficial de Ejército que se hacía llamar “El Príncipe”. Otros testigos señalan que ese reconocimiento lo hizo un militar que no coincide con las características del mítico personaje del Estado Chile (ver recuadro), quien fue descrito como de una estura superior a 1.80 metros, rubio, de tez blanca, cara redondeada y de contextura atlética.
En lo que sí coinciden los testimonios de los prisioneros es en que Víctor Jara fue interrogado al menos dos veces en los camarines del recinto, ubicados en la zona nororiente del subterráneo. Allí fue sometido a diversas torturas, entre ellas la fractura de sus manos a golpes de culata.
Tras la segunda de esas sesiones, Víctor Jara logró acercarse a personas que habían sido detenidas en la UTE, quienes lo limpiaron y trataron de cambiar su aspecto cubriéndolo con una chaqueta azul y cortándole su pelo negro rizado con un cortaúñas. Los últimos detenidos que lo vieron con vida han dicho que estaba muy golpeado, con la cara hinchada y sus manos fracturadas. Muchos coinciden en que durante el traslado al Estadio Nacional, que duró muchas horas, su cuerpo sin vida fue visto en el hall del recinto, junto a otros cadáveres.
Se estima que el cuerpo de Víctor Jara fue encontrado el 17 de septiembre en las afueras del Cementerio Metropolitano, por funcionarios de la Primera Comisaría de Carabineros de Renca, quienes lo trasladaron como N.N. al Instituto Médico Legal.

Un funeral sin flores y en silencio

En los últimos meses de la investigación se han rescatado reveladores testimonios inéditos que ayudan a entender por qué, a diferencia de los otros prisioneros asesinados en el Estadio Chile, el cuerpo de Víctor Jara fue encontrado por su familia y pudo ser enterrado de manera clandestina en el Cementerio General.
Después de guardar silencio durante 35 años, Héctor Herrera Olguín, ex funcionario del Registro Civil y quien actualmente reside en Francia, relató ante el ministro Juan Eduardo Fuentes lo que vivió en esos días. Herrera explicó que el 15 de septiembre de 1973, el oficial designado como director interino del Registro Civil lo envió en comisión de servicio al Instituto Médico Legal (IML), lugar en donde se le ordenó medir, tomar las características físicas y las huellas de los cuerpos apostados en el estacionamiento del recinto.
Herrera calcula que había unos 300 muertos apostados en ese lugar, entre los cuales vio niños y mujeres. Unos veinticinco estaban rapados. Todos eran jóvenes. Le dijeron que correspondían a extranjeros. Durante todo el día Herrera vio llegar camiones del Ejército con más cuerpos. Y cada vez los mismos movimientos: los conscriptos los tiraban al suelo al interior del estacionamiento y luego, con algo más de delicadeza, funcionarios del IML los recogían y los apilaban en distintas partes de ese sector.
La investigación deberá determinar la fecha exacta en que fue asesinado Víctor Jara. Pero lo cierto es que el ex funcionario del Registro Civil recordó ante el juez que el 16 de septiembre, alrededor de las 9.00 horas, una persona a la que identifica como “Kiko”, oriundo de Chiloé, le señaló que entre los cuerpos apilados parecía estar el de Víctor Jara. Y con sigilo lo llevó frente al cuerpo. Al principio Héctor Herrera dudó que se tratara del mismo famoso cantautor. Estaba muy sucio, con tierra en las heridas, el cabello apelmazado entre tierra y sangre. A simple vista se le notaban heridas profundas en ambas manos y en la cara. Y tenía sus ojos abiertos, pero con una mirada tranquila. En una de sus muñecas vio un alambre con un pedazo de cartón donde estaba anotado “Octava Comisaría”.
Para salir de la duda, Héctor Herrera a escondidas anotó su número de ficha, sus características físicas y sus huellas dactilares. Para ello tuvo que abrir sus manos. No fue fácil: las tenía empuñadas, muy rígidas. Lo hizo con la ayuda de “Kiko”, comprometiéndose ambos a no decirle a nadie lo ocurrido. Terminada la misión, dejaron el cuerpo en el mismo lugar.
A primera hora del día siguiente, Herrera se fue directo a la sección dactiloscópica del Registro Civil, en calle General Mackenna. Allí y en la más completa reserva, le pidió a la funcionaria Gelda Leyton, que le buscase la ficha de Víctor Jara. A eso del mediodía, ambos comprobaron que efectivamente habían asesinado a Víctor Jara. Volvió a revisar los registros del cantautor. Y se percató que era casado. Anotó los datos de su esposa, Joan Turner Robert, y su dirección.
Ya había amanecido cuando el 18 de septiembre, en la casa de Víctor Jara, en calle Plazencia, en Las Condes, Joan Turner escuchó que alguien llamaba a su puerta. Salió a mirar desde una ventana del segundo piso. Un hombre al que no conocía le dijo que necesitaba hablar con Joan Turner. Ella bajó y se acercó a la reja de la casa. Herrera recuerda haberla visto muy nerviosa. Se identificó como funcionario del Registro Civil y le relató lo que había vivido.
Poco después ambos partieron de la casa en la renoleta de Joan Turner en dirección al IML. Entraron juntos. Pero no encontraron el cuerpo de Víctor Jara en el lugar donde Herrera recordaba muy bien haberlo dejado la tarde anterior. Se inició la búsqueda. Y llegaron al segundo piso del edificio, sitio a donde habían llevado los cadáveres que estaban para las llamadas “autopsias económicas”. En el lugar Nº 20 estaba el folclorista. El cuerpo fue abrazado por su esposa, quien lloró en silencio tratando de no despertar sospechas. Estaba muy consciente de que no tenía autorización alguna para estar ahí.
El trámite del certificado de defunción lo realizaron en el primer piso. Para poder sacar el cuerpo en día feriado, Herrera invocó su calidad de funcionario del Registro Civil. Al ser consultado en la ventanilla por la causa de muerte y fecha de la misma, requisito indispensable para llenar el documento de defunción, Herrera sólo atino a decir que falleció por herida de bala el 14 de septiembre a las 5:00 horas. Fue el apresurado cálculo que logró hacer en esos pocos minutos al recordar que el cuerpo de Víctor Jara habría llegado al IML antes que él lo descubriera. La hora la sacó de un poema que le vino a la memoria sobre fusilados.
Como el cuerpo debía ser sacado en una urna y la esposa de Víctor no tenía dinero para comprarla, Héctor Herrera se contactó con su amigo Héctor Ibaceta Espinoza, a quien le pidió ayuda. Juntos fueron hasta calle Agustinas, en el centro de Santiago, a buscar el dinero. Pero Ibaceta decidió acompañarlos.
Alrededor del mediodía de ese 18 de septiembre, llegaron con el ataúd al IML. Sólo los dos hombres ingresaron a buscar el cuerpo de Víctor Jara. Su cadáver desnudo fue trasladado en una camilla metálica con su ropa doblada a los pies. Recogieron el cuerpo y lo pusieron dentro de la urna. La ropa fue depositada a sus pies. Lo cubrieron con un poncho nortino que traían y encima la mortaja. Cerraron la urna. El ataúd lo ubicaron en una sala que se utilizaba como velatorio.
-Nos prendieron unas cuatro ampolletas e hicimos entrar a Joan para que se quedara a solas con él, para que se despidiera de su marido. Estuvo alrededor de una hora –recordó el ex funcionario del Registro Civil.
Herrera agregó: “Posteriormente, concurrí al Cementerio General, ubicado al frente, para solicitar un carrito para trasladar el cuerpo, ya que era muy caro hacerlo en una carroza. Una señorita me indicó que no se podía hacer eso, pero al ver el nombre del occiso me dijo que para él sí se podía. Volví al IML en compañía de un funcionario del Cementerio. Entre los cuatro colocamos el ataúd en el carro y lo trasladamos al campo santo, enterrando a Víctor Jara en un modesto nicho al final del recinto donde se encuentra hasta hoy. Fue enterrado sin flores y con la sola presencia de nosotros tres”.
Héctor Herrera siguió trabajando en el Registro Civil hasta 1975. Desde 1969 y hasta el día en que se fue se desempeñó en el departamento de Carné de Identidad. Debió abandonar el país como miles de otros chilenos llevando consigo un secreto que Joan Turner también guardó para protegerlo y que hoy le pertenece a todos los chilenos que podrán cantar con nuevas esperanzas “Levántate y mírate las manos. Para crecer, estréchala a tu hermano”.
El oficial al que llamaban “Príncipe”
Nelson HaaseCasi como mito urbano, la figura de un despiadado oficial de Ejército, de contextura atlética, estatura superior a 1.80 metros, ojos claros y pelo rubio, quien habría vociferado entre los detenidos que no necesitaba micrófono para hablar porque tenía “voz de príncipe”, ha sido adjudicada a por lo menos dos ex militares que habrían estado entre los uniformados que custodiaron el Estadio Chile.
Varios de los detenidos han declarado que este fue el uniformado que más se ensañó con Víctor Jara, siendo uno de los primeros que apartó desde el grupo de detenidos de la UTE. Algunos de los testimonios apuntaron al ex agente de la DINA Miguel Krassnof Martchenko como el que actuó en contra del cantautor. Sin embargo, otros lo niegan rotundamente, ya que señalan que es más bajo de estatura (1.70 metros aproximadamente) y que su color de pelo es más oscuro que el militar que se ha tratado de identificar.
Con el correr de los años, surgió otra identidad que podía corresponder a “El Príncipe”, la del ex teniente Edwin Dimter Bianchi, quien fue uno de los militares detenidos por la sublevación del Regimiento Tacna en junio de 1973, movimiento golpista que fue desarticulado, dando origen al llamado “Tanquetazo”. En ese episodio Dimter ingresó con un tanque hasta el Ministerio de Defensa.
Efectivamente, Dimter coincide con las características del Príncipe, pero varios de los testigos que estuvieron detenidos en el Estadio Chile también han descartado que se trate de la misma persona.
Lo importante es que fue el propio Dimter, con su primera declaración judicial de 2006, quien dio luces sobre otros oficiales que también podrían corresponder a la identidad de “El Príncipe”. El ex uniformado, quien fue expulsado del Ejército en 1976 por diversos actos de indisciplina, reconoce haber custodiado a los prisioneros de ese recinto, pero asegura no haber tenido relación con las golpizas y el asesinato de Víctor Jara.
Acto seguido, señala que él no era el único oficial con esas características, y que al menos habían otros dos que podían coincidir con las señas de “El Príncipe”: los entonces tenientes Rodrigo Rodríguez Fuschloger y Nelson Edgardo Haase Mazzei, ambos de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes. Este último oficial (R) fue mencionado en la declaración del primer conscripto confeso de participar en el crimen.
Aunque Haase, al ser interrogado en el caso, negó rotundamente haber estado en el Estadio Chile, declaraciones de otros oficiales presentes en el recinto respaldan la versión de Dimter.
Haase fue uno de los hombres de confianza del ex jefe de la DINA, Manuel Contreras, y fue jefe del recinto de detención clandestino ubicado en calle Bilbao, conocido como “Cuartel Bilbao”. Diversos testimonios y documentos, entre ellos el entregado por la agente de la DINA Luz Arce, indican que el inmueble –habilitado desde 1976- tenía como fachada un aviso luminoso que decía “Implacate”.
El historial del teniente también lo registra como miembro de la Sociedad Pedro Diet Lobos, pantalla comercial de la DINA para encubrir actividades tanto en Chile como afuera del país. A lo largo de los años, quienes sobrevivieron lo han descrito como arrogante, prepotente y despiadado; de hecho se llegó a decir que se enorgullecía de llevar permanentemente en su automóvil una picota para usarla en los allanamientos.
Las pocas veces que Haase salió de su anonimato en los últimos años fue cuando –junto a otros ex uniformados- manifestó públicamente su total respaldo a la sublevación del general (r) Raúl Iturriaga Newman, quien intentó evadir la primera condena de cárcel efectiva en su contra, por el crimen del militante del MIR Dagoberto San Martín Vergara, según consta en la página del “Movimiento 10 de septiembre”.
Equipo "Envasas Exportables": Guillermo Garin, Juan Lucar, Richard Quaas y Nelson Haase (Izquierda a derecha)Tras retirarse del Ejército, el ex uniformado formó en 1994 una empresa de cajas de madera para vinos de exportación, llamadaEnvases Haase o Envases Exportables. Desde entonces es proveedor de varias de las empresas del rubro, lo que le ha permitido codearse con ese ambiente. De hecho, el 2007 participó en el Quinto Campeonato de Golf “Copa Viñas de Chile”, en el Club de Golf Los Leones, a beneficio de la Fundación Escúchame. En el website de esta última aparece una foto del equipo de “Envases Exportables”, en la que Nelson Haase figura junto al ex vicecomandante en jefe del Ejército, general (r) Guillermo Garin, el brigadier general (r) Juan Lucar y el ex jefe del Estado Mayor del Ejército, general (r) Richard Quaas.
La esposa de Haase, María Isabel Blaña Lüttecke, recibió del Ministerio de Agricultura $ 5.595.466 en febrero y abril de este año, en virtud de un “Programa Sistema de Incentivos para la Recuperación de Suelos Degradados”, según consta en la información de transparencia activa de esa cartera.

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