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martes, 11 de septiembre de 2012

Masones Chilenos y el Golpe Militar


“No todos los que están son y no todos los que son están” 
“En todas partes se cuecen habas”.



Algunos apoyaron el golpe militar, otros miembros y dirigentes de la Gran Logia de Chile, colaboraron con la dictadura de Agusto Pinochet, como fue el caso de Horacio Gonzalez Contesse. Iniciado en la Logia Germinación No 81. Gran Maestro en 1974. Reelegido en 1978. José Navarro Tobar. Después del Golpe Militar, en el mismo mes de Septiembre, es nombrado Ministro de Educación. Iniciado en la Logia Franklin No 27, el 25 de Octubre de 1943 y de Pedro Casteblanco.

Augusto Pinochet, conocido en el mundo por su crueldad, falsedad y por su hambre de sangre y por ser responsable de todos las salvajes torturas y asesinatos que convergieron durante su dictadura en Chile. Lamentablemente fue iniciado en la Gran Logia de Chile. Su suegro Osvaldo Hiriart Corvalán fue iniciado en la Logia Deber y Constancia No 7 de Santiago, cuando era estudiante de derecho.

Augusto Pinochet ingresó a la Logia Victoria No 15, se inició el 28 de mayo del 1941, teniendo 25 años y había obtenido el grado de capitán. El 24 de octubre de 1942 el Consejo de la Logia le dio la Carta de Retiro Obligatoria por inasistencia y falta de pago. Queda claro que Agusto Pinochet no tuvo el nivel intelectual para entender los principios de la masonería, así que nunca asimiló ni entendió de que se trataba.

Los rumores dicen que Agusto Pinochet pidió el retiro, otros dicen que por moroso, por no pagar la cuota le dieron el retiro. Pero esto en la teoría significa que si Pinochet quisiera algún día reintegrarse bastaría que pagase las cuotas que debe. Lo correcto es que lo expulsen de la orden.

Será difícil encontrar otro personaje tan falso e hipócrita en la historia de Chile como la figura de Agusto Pinochet. Esta es la carta que le envía a su ex jefe general Carlos Prats González, el 7 de Septiembre de 1973.


Mi querido General y amigo: al sucederle en el mando de la institución que Ud. comandara con tanta dignidad, es mi propósito manifestarle –junto con mi invariable afecto hacia su esposa - mis sentimientos de sincera amistad, nacida no sólo a lo largo de nuestra profesión sino que –muy especialmente –cimentada en las delicadas circunstancias que nos ha correspondido enfrentar.

Al escribir estas líneas, lo hago con el firme convencimiento de que me dirijo no sólo al amigo, sino que ante todo, al Sr. General que en todos los cargos que le correspondió desempeñar, lo hizo guiado sólo por un superior sentido de la responsabilidad, tanto para el Ejército como para el país.

Es, por tanto, para mí profundamente grato hacerle llegar, junto con mi saludo y mejores deseos para el futuro, en compañía de su distinguida esposa y familia, la seguridad de que quien lo ha sucedido en el mando del Ejército, queda incondicionalmente a sus gratas órdenes, tanto en lo profesional como en lo privado y personal.

Afectuosamente Augusto Pinochet Ugarte.
(El último día de Salvador Allende, de Oscar Soto, página 101).

No olvidemos que el general Prats y su esposa Sofía Cuthbert fueron asesinados en Buenos Aires, el 30 de Septiembre de 1974.

Otra prueba de su hipocresía fue durante el asesinato de Pérez Zujovic, en ese entonces Pinochet era el jefe de la guarnición de Santiago: “Presidente, el ejército responde del control de la situación. Y puede estar Ud. seguro de su disciplina. Al primer coronel que se mueva, yo mismo le pego un tiro” (Garcés, J. Allende y la experiencia chilena, Pág. 163).

A las diez de la mañana del día Lunes 10 de Septiembre es el mismo Pinochet que llega a la oficina del ministro de Defensa y le entrega al Sr. Letelier la siguiente información: La situación militar estaba más tranquila. Se había puesto en contacto con distintas unidades y la preparación de la parada militar del 19 de Septiembre seguía su curso normal.

Era tanta la confianza que el Presidente Allende tenía en Agusto Pinochet, que cuando la Marina y las Fuerzas Aéreas se alza en contra del gobierno democrático, Salvador Allende hace el siguiente comentario ante Jorquera y Jirón: “ ¡Pobre Pinochet, deben haberle detenido!”. Pero ¿dónde está? 

Un antecedente de Pinochet que ha quedado en la historia es este que se desarrolla en Pisagua: durante el gobierno de Gabriel González Videla se prohibió el Partido Comunista y sus miembros son tomado presos y enviado a un campo de concentración en Pisagua, en Atacama. Este campo estaba a cargo de un capitán de 33 años, llamado Agusto Pinochet Ugarte. 

Este diálogo se dio durante el Golpe Militar, entre los traidores y vendepatrias Pinochet y Carvajal;

Puesto1
Pinochet: Rendición incondicional. Nada de parlamentar. Rendición incondicional.

Puesto 5
Carvajal: Conforme. O sea que se mantiene el ofrecimiento de sacarlo del país.

Puesto 1
Pinochet: Se mantiene el ofrecimiento y el avión se cae, viejo, cuando vaya volando

Pero Agusto Pinochet, no era el único, habían otros, como el general Herman Brady Roche. El presidente se contacta con Brady en las primeras horas del Golpe de Estado para que traslade las tropas a Valparaíso ya que había rumores de que la Armada se había sublevado y traicionado al Presidente Allende, a la Constitución y al pueblo chileno. Brady promete hacerlo, pero eran solo falsas promesas. Debemos hacer notar que la resolución de la Junta Calificadora del Ejercito, indico su paso a la reserva civil, debido a sus falta de méritos militares, Salvador Allende haciendo uso de sus facultades cambia tal resolución, no olvidemos que este tal general Herman Brady era masón. Su nombre aparecía al pie de las órdenes de fusilamiento de los abogados, economistas y médicos del equipo del presidente, que sobre vivieron el bombardeo a la Moneda (Garcés, J. Allende y la experiencia).

Además llama la atención y no deja de sorprender es la actitud que tuvo el Gran Maestro de la Gran Logia de Chile René García Valenzuela, ocupo este cargo entre 1969 y 1974. Ingresó a la masonería en 1926, en la Logia Unión Fraternal. Tuvo una conversación con el periodista Federico Willoughby, tres meses antes del Golpe, donde le declara ”Que nadie debería confundir la sede de la Gran Logia, Marcoleta 657 con la entrada presidencial del Palacio la Moneda por Morandé 80”. Estos comentarios dan para pensar.

Pero no todos los masones traicionaron al pueblo chileno, a la democracia, al masón y al Presidente de la República de Chile. Unas de las logias más fieles al Presidente Allende fué la Logia Franklin No 27. Como también los siguientes masones que estuvieron incondicionalmente con el Presidente y llevaron a la práctica las enseñanzas y los valores de la masonería:

- Edgardo Enríquez Frödden
- José María Sepulveda
- Hugo Miranda Ramírez
- Aníbal Palma
- Osvaldo Puccio Giesen
- Orlando Cantuarias, ex Presidente del Partido Radical año 2004
- Benjamin Teplitzky, Partido Radical
- Julio Stuardo
- José Quiroga
- General Alberto Bachelet
- General Sergio Poblete
- Coronel Carlos Ominami, padre del actual Senador Ominami por el Partido Socialista
- Coronel Rolando Miranda
- Comandante Ernesto Galaz 
Quiero compartir con vosotros esta triste historia del masón y General de la Fuerza Aérea de Chile don Alberto Bachelet, padre de la ex Ministro de Salud, Ministro de Defensa del gobierno de Chile, y la actual Presidente de Chile, Sra. Michelle Bachelet.

No son rumores que me contaron o cosas que se dicen, son las propias reflexiones del general Alberto Bachelet que redactó cuando estaba recluido en los estrechos patios de la galería 5 de la Cárcel Publica santiaguina.

Apenas un par de semanas antes había cerrado la puerta que por 38 años lo había vinculado a la Gran Logia de Chile. Al igual que aquél, este acto había sido un doloroso desprendimiento; “... Entre el día 14 de Septiembre y el de hoy (5 de Diciembre), sólo un hermano masón, llegó hasta mi hogar y más en su condición de amigo que en función de su cargo. En los momentos difíciles es cuando se conocen los hombres y, en esos momentos, mi esposa necesitaba del apoyo moral de mis hermanos masones, ya que de mis compañeros de armas no lo podía esperar. Sin embargo, mis hermanos masones no llegaron, ni siquiera por teléfono, olvidando la solidaridad y, especialmente, la fraternidad. Y los hermanos masones conocían la situación y los hechos que estaban acaeciendo. Incluso mi esposa fue un día hasta la Logia La Cantera, habló con algunos masones y les enrostró su proceder y el olvido en que habían incurrido en principios tan primarios y que nos son tan queridos: apoyar al necesitado”. También se negó su velatorio en el Club de la República, a pesar que fuera miembro activo de la Orden, Venerable Maestro y fundador de varias logias.

Las palabras de Bachelet respondían a su expulsión de la Orden Masónica “por inasistencia y falta de pago” de sus cuotas.

“... Había que eliminar al masón Bachelet, porque trabajó al lado del masón Allende; porque le fue leal al pueblo, porque fue leal y consecuente con sus principios, los mismos que se le inculcaron en la Masonería”. Los reproches del don Alberto Bachelet no consiguieron su objetivo. El 6 de Diciembre, sus compañeros masones ratificaron su expulsión, pero ahora sólo por inasistencia”.

Los juicios dedicados por el general Bachelet a sus compañeros masones no fueron menos lapidarios para con sus “compañeros de armas”. En una carta despachada el 19 de Octubre de 1973 a su hijo Alberto, residente en Australia, el general señaló:

“Me quebraron por dentro, en un momento; me anduvieron reventando moralmente. Nunca supe odiar a nadie. Siempre he pensado que el ser humano es lo más maravilloso de esta creación y debe ser respetado como tal. Pero me encontré con camaradas de la FACh (Fuerzas Aérea Chilena), a los que he conocido por 20 años, alumnos míos, que me trataron como a un delincuente o como un perro. Oficiales a los que siempre ayudé, a los que siempre tendí mi mano, me dieron vuelta la espalda y recién ahora, en que los cargos desvirtuados, empiezan a mostrar la cara, empiezan a justificarse”.


“El 11 de Septiembre de 1973 en la oficina de la secretaría general de FF.AA. fui encañonado por el general ORLANDO GUTIERREZ, quien me conminó a entregarme arrestado por orden del comandante en jefe. Fuimos llevados al subterráneo del Academia de Guerra Aérea. Nos ataron las manos, nos vendaron, los ojos y pusieron una capucha en la cabeza. Debíamos permanecer de pie, sin movernos y sin hablar. Quien lo hiciera recibiría un balazo en las piernas. 

Fui llevado a presencia del fiscal general Gutiérrez. Me preguntó porqué había sido solicitado por el Presidente de la República para el cargo de secretario nacional de Distribución. Le expresé que lo ignoraba, pero que debía suponer que por el hecho de conocerme y saber que era masón, le daría mayor seguridad en su nombramiento”.

El 18 de Diciembre, el Jefe de Servicio de inteligencia de la FACh, comandante EDGARDO CEBALLOS, llegó hasta el departamento del General Alberto Bachelet, lo arrestó y lo condujo a la Cárcel Pública. 

Los cargos en su contra, basados en presunciones, cambiarían su rumbo en forma definitiva. Recluido en la galería 5, el General Bachelet iba escribir algunas reflexiones acerca del carácter de las Fuerzas Armadas: “La cárcel tiene el don de nivelar a todos los hombres. Ahí desaparecen jerarquías militares, sociales o de fortuna. Ahí son todos iguales. Desaparecen hasta las inhibiciones. En esta galería todos somos prisioneros de una guerra que no hicimos y que no queríamos, pero ahí estamos” (Chile: La Memoria Prohibida. Capítulo El Destino de los Hombres de Allende, Pág. 306-307).

Es mi palabra
Rodrigo Germán A.


Fuente:
Lista masonica Mandil

martes, 19 de junio de 2012

5 años de libertad vigilada a Benjamín Echeverría Larraín





5 años de libertad vigilada a Benjamín Echeverría Larraín (sobrino del senador Hernán Larraín) debido a que fue descubierto con más de de 2 kilos de cocaína de alta pureza y 7 millones de pesos obtenidos por la venta de droga en la capital.


La justicia dio a conocer la sentencia en contra del sobrino del senador Hernán Larraín por un caso de tráfico de drogas descubierto en octubre de 2011.


El tercer Tribunal Oral en lo Penal de Santiago condenó a Benjamín Echeverría Larraín a una pena de 5 años con el beneficio de libertad vigilada, junto con el pago de 40 UTM.


Lo anterior debido al caso que quedó en evidencia el año pasado, cuando Echeverría Larraín fue descubierto con más de 2 kilos de cocaína de alta pureza y 7 millones de pesos obtenidos por la venta de droga en la capital.


La Fiscalía Oriente estaba pidiendo una condena de 10 años de cárcel en contra del acusado.

Aquí La carta del senador Larraín para ayudar a su sobrino imputado por Narcotráfico

martes, 12 de junio de 2012

"OPERACIÓN SINIESTRA", en Funa al homenaje del dictador






"Operación Siniestra" se hizo presente en la Funa al homenaje del dictador Pinochet. Una performance cruda y despiadada que nos hizo recordar los crímenes cometidos en tiempos donde los aparatos de seguridad del estado actuaban con total impunidad. Aunque ésta fue una representación artística callejera, ésto ocurrió en Chile...!!! 

Como expresión artística puedo decir que estos jóvenes fueron extremadamente creativos y con gran maestría pudieron recrear las sesiones de torturas, habituales de la DINA y CNI, para exponerlas públicamente en plena calle. Hubo un instante que  me introduje en la performance para mover a la guapa chica, amarrada en sommier, a un lugar mas seguro, ya que el aire estaba irrespirable y el guanaco estaba cerca. Decidí sostener el sommier un tiempo para que los chicos pudieran descansar un poco. Cuando vi la mano de una de las chicas, que hacia el personaje de torturador, sus nudillos estaban rotos. Pensé que la joven se había lastimado con el traslado, pero en breve me aclaró que esa parte del maquillaje, sus nudillos estaban heridos por golpear a la chica torturada. Hasta en los más mínimos detalles esta presentación callejera fue todo un lujo.

En lo personal, verlo me llevó hasta las lagrimas el sólo pensar que muchos chilenos pasaron por esas sesiones de tortura que fueron dirigidas por criminales que hoy homenajean a un dictador.

Gracias "Operación Sinestra"

viernes, 25 de mayo de 2012

ATENCIÓN, ATENCIÓN, ATENCIÓN


ULTIMO MINUTO

JOVEN ESTUDIANTE Y MILITANTE DE LA JJ CC FUE ASALTADO POR DOS INDIVIDUOS LOS CUALES NADA LA ROBARON PERO ANTES DE HUIR DEL LUGAR DEL ECHO LE AGREDIERON CON UN DESTORNILLADOR EL CUAL SE LO ENTERRARON A UN COSTADO DE SU CABEZA ARRIBA DE UNA DE SUS OREJAS ATRAVESANDO SU CEREBRO LO QUE LE SIGNIFICO SU MUERTE, ASALTO QUE ESTA MUY EN DUDA EN TODO CASO DESPUÉS DE RESISTIR Y LUCHAR POR SU VIDA EL JOVEN LUCHADOR SOCIAL FALLECIÓ PARA TRISTEZA DE SU FAMILIA AMIGOS Y COMPAÑEROS SUS RESTOS ESTAN SIENDO VELADO EN EL PARADERO 10 DE GRAN AVENIDA EN LA IGLESIA SAN ANTONIO MARIA CLARET MUCHOS DE SUS COMPAÑEROS Y AMIGOS LE ESTAN ACOMPAÑANDO EN SU ULTIMO MOMENTO ANTES DE PARTIR HASTA SU ULTIMA MORADA INTEGRANTE DE LA JJ CC Y COMPAÑEROS DE LICEO REALIZAN GUARDIAS ANTE SU FÉRETRO COMO ULTIMO HOMENAJE.

SUS FUNERALES SE EFECTUARAN EN EL CEMENTERIO METROPOLITANO DURANTE LA MAÑANA DEL DÍA SÁBADO 26 DEL PTE SE LES INFORMA QUE DE TODAS MANERAS ESTÉN ATENTO YA QUE ESTOS SE PUEDEN ADELANTAR PARA LA TARDE DEL DÍA VIERNES 25 .

ADIÓS CHINITO


ESTA CLARO Y CIERTO QUE LAS PERSONAS DE BUEN CORAZÓN Y ALMA LIMPIA SON LAS QUE DEJAN ESTE MUNDO YA SEA POR CAUSAS NATURALES O POR LA MANO ASESINA DE ALGÚN DELINCUENTE QUE NO SABIA LA CLASE DE PERSONA QUE ESTABA MATANDO EL CHINITO ERA DE LAS PERSONAS (COMPA) QUE SE ANTEPONÍA POR LOS DEMÁS LUCHABA POR SUS DERECHOS COMO ESTUDIANTE Y POR TODOS LOS ESTUDIANTES DE CHILE Y EN CUALQUIER LUCHA SOCIAL ESTABA PRESENTE.

DEMÁS ESTA DECIR QUE LE EXTRAÑAREMOS, PERO TAMBIÉN SABEMOS QUE AHORA MAS QUE NUNCA ESTARÁ AL LADO NUESTRO Y NO SE PERDERÁ LUCHA Y SERA DESDE DONDE ESTE NUESTRO GUARDIÁN.
VAYA PARA SU FAMILIA, AMIGOS Y COMPAÑEROS MI MAS SENTIDA CONDOLENCIA Y LES ACOMPAÑO EN EL DOLOR DE TAN IRREPARABLE PERDIDA

CHINITO SIEMPRE ESTARÁS PRESENTE EN LA MEMORIA DE TUS AMIGOS Y COMPAÑEROS.

CHINITO

PRESENTE AHORA Y SIEMPRE

ALEJANDRO MENDOZA




viernes, 4 de mayo de 2012

Quiénes y por qué mataron a Lumi Videla y arrojaron su cuerpo en la embajada italiana de Santiago




Ex Embajador de Italia en Chile, Emilio Barbarani (“Chi ha ucciso Lumi Videla”, ed. Mursia, Milán, 2012) recuerda el Chile de los primeros años de la dictadura y revela entretelones inquietantes sobre el asesinato de la dirigente del MIR. Era la madrugada del 4 de noviembre de 1974, una primavera agradable y placentera que contrastaba dramáticamente con el terror frío y ponzoñoso que invadía Chile donde la represión recrudecía y se había convertido en práctica común de la dictadura, cuando un grupo de asilados en la Embajada italiana de Santiago escuchó un ruido sordo en un extremo del patio. | NICCOLÓ ALDOBRANDINI.*

Al ir a ver se encontraron con un espectáculo macabro: el cadáver de una mujer con evidentes signos de tortura. Inmediatamente los asilados advirtieron al joven diplomático Enrico Calamai, que pernoctaba en la citada residencia, quien a su vez se comunicó de inmediato con las autoridades chilenas. Pocos días después Calamai abandonaría el país aquejado de una grave úlcera. (Tras su recuperación en Italia, en 1976 fue designado Cónsul en e Buenos Aires donde ayudó a expatriar a centenares de perseguidos de la dictadura del triunvirato compuesto por los tres jefes de las Fuerzas Armadas, Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti).

A raíz del alejamiento de Calamai, el único diplomático italiano que permanecía en Santiago era el embajador Tomasso de Vergottini, que ni siquiera tenía realmete ese status porque el gobierno italiano nunca reconoció a la dictadura chilena, era una función nebulosa, ya que no tenía rango diplomático, pero tampoco era turista.

En 1974 la prensa chilena adicta al régimen (por otra parte la única que existía) había descrito el homicidio de Lumi Videla como una reyerta, ocurrida en el interior de la residencia diplomática, durante una “orgías entre asilados”, versión que quedó totalmente descartada en la investigación judicial realizada por el magistrado Juan Araya, que estableció fehacientemente que la joven asesinada nunca estuvo en ese lugar en calidad de refugiada.

En esas circunstancias, sin pasaporte diplomático y con el enorme problema del cadáver lanzado al jardín de la Embajada otro joven diplomático, Emilio Barbarani, hasta ese momento designado en Buenos Aires, llega a Santiago los primeros días de diciembre de 1974, un mes después del descubrimiento del cadáver de la dirigente del MIR.  La misión del diplomático termina en 1975, el año de los recuerdos que describe en su libro-memoria Chi ha ucciso Lumi Videla (Ed. Mursia, Milábn, 2012), ¿Quién mató a Lumi Videla? en castellano. Años después, en 1998, Barbarani volvería a Chile como embajador de Italia.

En sus memorias, Barbarani recuerda no solamente las tensísimas relaciones entre los refugiados (unas 250 personas, la mayor parte niños que, a raíz del episodio del cadáver estaban literalmente prisioneros en la residencia diplomática), sino sobre todo el terreno minado donde los diplomáticos italianos tenían que actuar, sobre todo en su relación con los servicios de Inteligencia chilenos (la DINA) en ese momento en lucha sin cuartel con otro de los servicios represores, el SIFA, el Servicio Secreto de la Fach.

Asimismo, el libro describe las relaciones personales (y amorosas) entre Barbarani y dos figuras femeninas fundamentales: una agente del SIFA, “Wanda”, (de la que no revela nunca el nombre verdadero, quien años más tarde moriría en Londres de un tumor al cerebro y quien le daría una inquietante clave de lectura acerca del crimen de Lumi Videla) y su polola “oficial”, la joven Paula Carvajal, hija del Almirante Carvajal, en ese momento canciller del gobierno militar. A Barbarani esta relación le abriría las puertas de la casa de uno de los máximos exponentes del gobierno.

En realidad el libro no pone en tela de juicio “quién mató a Lumi Videla”, sino que se interroga sobre “por qué la mataron” y, en particular las razones por las qué tiraron su cadáver al interior de la Embajada italiana, una provocación sin sentido ya que, a pesar de la mordaza imperante era imposible que la verdad, tarde o temprano no saliera a flote. Y eso fue lo que efectivamente ocurrió muchos años después.

Por el asesinato de Lumi Videla, el año 2006 fueron declarados culpables los generales retirados Manuel Contreras Sepúlveda, ex jefe operativo de la DINA y Maximiano Ferrer Lima; los brigadieres (R) Miguel Krassnoff y Christophe Willike; el coronel (R) Marcelo Morén Brito y el cabo (R) Basclay Zapata.

En la última parte de las memorias (la más reveladora e inquietante) Emilio Barbarani recuerda la petición, de asilo político, a mediados de 1975, del agente del SIFA, “Daniel Ramírez Montero”, según el libro. En realidad se trata de Rafael González Verdugo, procesado como cómplice del homicidio del estadounidense Charles Horman, descrito en todo su dramatismo en la película “Missing”, de Costa Gavras. El agente fundamentó la petición de asilo a los italianos diciendo que estaba perseguido por la DINA, por haber denunciado la corrupción del “Coronel K”, en ese momento el segundo hombre de la DINA, de quién Barbarani nunca despeja la verdadera identidad, aunque es probable que se trate del en ese momento subdirector de la DINA, Mario Janh.

Como en 1975 la residencia italiana ya estaba vacía, los diplomáticas, previas consultas con Roma deciden asilar a “Ramírez Montero” en las oficinas de la Cancillería italiana, y a partir de ese momento empieza una serie de amenazas telefónicas a Barbarani que podrían haber pasado a mayores. Incluso el libro revela que se logró desarticular (gracias a los buenos oficios de las “altas esferas” con quienes se vinculaba) un ataque de la DINA a la cancillería para secuestrar al desertor, que se había asilado con su mujer y su pequeño hijo.

Las amenazas de la DINA a Barbarani por haber acogido al agente del SIFA, enemigo del coronel “K”, se intensifican y este hecho persuade al gobierno italiano de la necesidad de trasladarlo. Su misión termina a fines de 1975 y a mediados de 1976 llega a Londres. En la capital británica encuentra a una antigua conocida, Wanda , que habría desertado del SIFA y que le cuenta lo siguiente: en realidad la denuncia de González Verdugo contra “K” no es por corrupción, sino por “alta traición” y “espionaje”.

Antes del golpe el “coronel K”, según Wanda, habría conocido a Lumi Videla y el militar le habría hecho algunas confidencias que ella habría pasado al MIR y éstos a su vez a los servicios secretos cubanos. Después del arresto, la joven habría confesado parte de las confidencias de “K” y por represalia la habrían asesinado. El hecho de tirar el cuerpo en la embajada italiana cumplía dos funciones, revela el libro: por una parte amenazar a los diplomáticos italianos para obligarlos a cerrar la embajada, la única abierta hasta ese momento, noviembre de 1974; por la otra enviar un mensaje a los miristas que estaban en la en ella.

Cuando lanzaron el cadáver de Lumi se encontraba asilado en la Embajada Italiana uno de los dirigentes máximos del MIR, el médico Humberto Sotomayor, que había sido, sin embargo, expulsado de la organización, acusado de haber abandonado al herido Miguel Enríquez abatido el 5 de octubre de 1974 después de un tiroteo en su propia casa. Pero también en ese momento estaba en la Embajada la cuñada de Andrés Pascal, el nuevo jefe del MIR, que se había asilado con la menor de las hijas de éste, una niñita de alrededor de tres años: por lo tanto era probable que hubiese relaciones directas entre los miristas de la Embajada y la cúpula de esa organización.

Al final de sus memorias, Barbarani recuerda que poco tiempo después de haber llegado a Londres, y mientras González Verdugo todavía estaba en las oficinas de la cancillería, ya que las autoridades se negaban a darle el salvoconducto, leyó en la prensa inglesa una breve información sobre un accidente que habría tenido el coronel “K” (accidente totalmente comprobado): se le habría disparado “accidentalmente” la metralleta que tenía en el asiendo trasero del auto que desbandó, mientras su ocupante se había salvado por milagro. Poco tiempo después a González Verdugo le dan el salvoconducto y puede abandonar el país.

Curiosamente, la publicación del libro en Italia, que ha obtenido numerosas reseñas en este país, ha pasado inadveetido en Chile: ¿será quizás porque las trazas que Barbarani deja en su libro conducen más o menos directamente, como ya se ha señalado, al coronel retirado Mario Jahn?. Sobre esta situación la agencia italiana ANSA, reseñando el libro, escribe: “por el asesinato de la joven un tribunal condenó a seis personas, todas de la DINA, pero no al coronel “K” que hoy vive sin problemas en Santiago”.



jueves, 3 de mayo de 2012

Los estremecedores testimonios de cómo y quiénes asesinaron a Víctor Jara

Por : Jacmel Cuevas en Reportajes de investigación 

A casi cuatro meses de conmemorarse 36 años de la muerte del destacado folclorista chileno, el tesón de su viuda Joan Turner y de sus hijas, logró que la investigación judicial llegara al punto que se creía imposible: individualizar al grupo de oficiales y conscriptos que perpetraron el asesinato. Las confesiones de los involucrados, entre ellos un conscripto que participó en forma directa en el crimen, permiten conocer las estremecedoras últimas horas de vida de Víctor Jara y la forma en cómo lo mataron en uno de los camarines del subterráneo del Estadio Chile. También la historia nunca antes contada de cómo se rescató su cuerpo desde la Morgue. Junto al artista, fueron acribilladas otras 15 personas, entre los que se encontraba el ex Director de Prisiones, Litre Quiroga. Los detalles del homicidio fueron recabados en la presente investigación de CIPER.
A casi cuatro meses de conmemorarse 36 años de la muerte del destacado folclorista chileno, el tesón de su viuda Joan Turner y de sus hijas, logró que la investigación judicial llegara al punto que se creía imposible: individualizar al grupo de oficiales y conscriptos que perpetraron el asesinato. Las confesiones de los involucrados, entre ellos un conscripto que participó en forma directa en el crimen, permiten conocer las estremecedoras últimas horas de vida de Víctor Jara: un subteniente jugó a la ruleta rusa con él hasta que le descerrajó un tiro en su cabeza. Después ordenaron acribillarlo en un camarín de un subterráneo del Estadio Chile. También revelamos la historia nunca antes contada de cómo se rescató su cuerpo desde la Morgue. Junto al artista, fueron acribilladas otras 15 personas, entre los que se encontraba el ex Director de Prisiones, Litre Quiroga. Los detalles del homicidio fueron recabados en la presente investigación de CIPER.
El caos, la incertidumbre y el miedo que reinaron en el país durante los primeros días tras el golpe militar de 1973 parecían, hasta ahora, haberse conjugado de manera perfecta para que el asesinato del destacado folclorista Víctor Jara siguiera siendo un enigma judicial, llevando incluso al juez que instruye el proceso, Juan Eduardo Fuentes, a cerrar el caso a mediados del año pasado, con un solo procesado como responsable del crimen: el comandante (r) César Manríquez Bravo, jefe del improvisado campo de prisioneros que se instaló en el Estadio Chile a partir del 12 de septiembre de ese año.
La decisión del magistrado fue cuestionada por los querellantes del caso, quienes incluso obtuvieron el respaldo del entonces subsecretario del Interior Felipe Harboe, para pedir la reapertura de la investigación, llamado al que se sumaron varios parlamentarios de la Concertación. La urgencia por revocar la decisión de Fuentes fue tal que incluso la autoridad gubernamental se sumó al emplazamiento público que hizo la viuda del artista, Joan Turner, para que cualquiera de las cerca de 6.000 personas que pasaron por el recinto deportivo en esa fecha (entre detenidos y uniformados), que pudiera tener antecedentes del asesinato se acercara a entregarlos, incluso, bajo la más estricta reserva.
Nelson Caucoto, abogado de la familia Jara Turner, relata que se recibieron muchas colaboraciones que podían aportar a esclarecer el homicidio, lo cual le permitió presentar un escrito solicitando más de 90 nuevas diligencias al juez. Y Juan Eduardo Fuentes reabrió el caso.
Sin embargo, ninguno de estos datos entregó pistas concretas para llegar a los responsables del crimen, cuyas identidades quedaron bajo el secreto de un grupo reducido de oficiales y conscriptos que estuvieron a cargo de interrogar a los detenidos en los camarines ubicados en los subterráneos del Estadio Chile. Fue la exhaustiva búsqueda de los conscriptos de distintos regimientos que estuvieron después del golpe en el Estadio Chile, la que terminó por dar las pistas de quienes fueron los uniformados que ultimaron con ráfagas de fusil a los cerca de 15 detenidos -entre ellos Víctor Jara- que fueron apartados de los restantes prisioneros al producirse su traslado al Estadio Nacional, entre el 16 y 17 de septiembre de 1973.

Las primeras horas del final

Victor JaraEn la madrugada del 11 de septiembre de 1973, personal de varios Regimientos militares ubicados en regiones se trasladaron a Santiago, bajo la excusa de realizar los preparativos de la Parada Militar, para conmemorar el día de las Glorias del Ejército. Así arribaron a Santiago las unidades de La Serena y el Maipo, las que se constituyeron en el Regimiento Tacna. Otros efectivos provenientes de Calama y de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes – comandada por el coronel Manuel Contreras Sepúlveda, quien a los pocos días iniciaría la organización de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA)- lo hicieron en las dependencias de Arsenales de Guerra.
Cerca de las cinco de la mañana de ese día, las tropas apostadas en esta última repartición fueron informadas del golpe de Estado, bajo la arenga del teniente Pedro Barrientos, quien los emplazó a participar en la toma del territorio capitalino bajo la premisa que en esa misión no habían rangos, que todos eran importantes en ese crucial y patriótico acontecimiento. El episodio ha sido relatado en las declaraciones judiciales de varios conscriptos de los regimientos Maipo y Tejas Verdes que llegaron desde la Quinta Región.
Tras el bombardeo a La Moneda y la muerte de Salvador Allende, cerca de 600 estudiantes y profesores se amotinaron en la Universidad Técnica del Estado (UTE, actual USACH) para resistir la ocupación militar. Sin llegar a producirse enfrentamientos, ya que casi no tenían armas, fue muy poco el tiempo durante el cual pudieron oponerse a la entrada de los uniformados.
Pasadas las dos de la tarde del 12 de septiembre comenzó el desalojo de los académicos y alumnos. Entre escenas de gran violencia y dramatismo fueron detenidos y trasladados al Estadio Chile. En ese grupo se encontraba Víctor Jara Martínez, profesor de esa casa de estudios. El procedimiento fue dirigido por el entonces capitán Marcelo Moren Brito, quien luego se transformaría en uno de los más temidos agentes operativos de la DINA. Al momento de ingresar al Estadio Chile, convertido en campo de prisioneros, a los detenidos se les quitaban sus especies de valor, se les anotaba su nombre y filiación política.
Antes de ello, durante la tarde del 11 de septiembre, después de encargarse del funeral de Salvador Allende, el comandante César Manríquez fue encomendado por el general Arturo Viveros -jefe del Comando de Apoyo Logístico y Administrativo del Ejército (CAE)- para crear el primer recinto de detención que se debía instalar en el Estadio Chile. A la mañana siguiente, Manríquez se constituyó en el recinto. Poco después comenzaron a llegar los miles de detenidos que arribaban en buses de la locomoción colectiva y camiones del Ejército.
Según las propias declaraciones de Manríquez que, hasta ahora, era el único procesado en el caso, lo ocurrido al interior del recinto deportivo –construido sólo cuatro años antes de los hechos- era un escenario “dantesco” debido a la gran cantidad de prisioneros (5.600, según sus cálculos). El ex uniformado asegura que sólo contó con personal de apoyo del CAE para custodiar el recinto, pero que en los subterráneos del edificio se constituyeron oficiales de Inteligencia de las distintas Fuerzas Armadas, cuyas identidades desconocía, ya que no habrían estado bajo su mando.
Esa es la razón con la que justificó haber montado una escena de terror para amedrentar a los detenidos. Colocó dos ametralladoras punto 50 –usadas en la Segunda Guerra Mundial- en los balcones del edificio, las que eran publicitadas por los parlantes como las “sierras de Hitler, capaz de partir a una persona en dos”. En el segundo piso también se instalaron potentes focos de luz, que permanecían encendidos día y noche, provocando que todos los que permanecieron al interior del Estadio perdieran la noción del tiempo.
Los primeros días de encierro fueron caóticos, ya que incluso se reventaron algunos alcantarillados, generando problemas de insalubridad. Tampoco tenían alimentos ni para los soldados ni menos para los prisioneros. La escasez de comida incluso provocó que los mismos militares saquearan negocios aledaños al recinto. Sólo al cuarto día, el 16 de septiembre, se recibieron algunas raciones para los soldados, según declaró el capitán David González Toro, encargado de abastecimiento del recinto.
Victor JaraSe desconoce la hora a la que ese miércoles 12 de septiembre arribaron los miembros de los servicios de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. Lo que sí se sabe es que, tras su llegada, comenzaron a interrogar a los detenidos. Todo se anotaba en una ficha previamente confeccionada, donde se consignaba el nombre, la cédula de identidad, domicilio, filiación política, antecedentes de la detención y observaciones. En la parte inferior del documento, se añadía un pronunciamiento del interrogador en el que debía calificarlo como prisionero bajo las siguientes premisas: ley de control de armas, marxista o comunista y sobre la necesidad o no de someterlo a Consejo de Guerra.
Según diversos testigos que han declarado en el caso, previo al traslado al Estadio Nacional hubo muchos hechos de violencia en contra de los prisioneros. Se ha determinado que al menos tres personas habrían perdido la vida en las graderías del recinto. Una persona de contextura pequeña y delgada que muchos confundieron con un niño y que en un acto de desesperación se abalanzó sobre un conscripto, quien reaccionó descargando una ráfaga en su abdomen. Según testimonios, el comandante Manríquez felicitó al soldado por su “heroica labor”. Otro prisionero se lanzó del segundo piso gritando ¡Viva Allende!, mientras que un hombre joven fue muerto a golpes de culata en su cabeza por haberse negado a cumplir órdenes de los militares.
A esta cifra se suman otras 15 personas que habrían sido acribilladas junto a Víctor Jara en los subterráneos del Estadio, según la confesión del primer hombre en ser individualizado por la justicia como uno de los autores del asesinato del destacado folclorista.

Los hombres de Tejas Verdes

En sus declaraciones, todos los conscriptos que viajaron desde la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes (dirigida entonces por el coronel Manuel Contreras) a Arsenales de Guerra, en Santiago, coinciden en que las tropas venían bajo el mando del capitán Germán Montero Valenzuela, sumando un contingente de aproximadamente un centenar de soldados y una veintena de oficiales.
El 12 de septiembre, al llegar al Estadio Chile, el contingente quedó a cargo del comandante Mario Manríquez. Entre los oficiales que participaron en esta misión, los conscriptos mencionan a los tenientes Nelson Haase y Rodrigo Rodríguez Fuschloger, y a un subteniente que tendrá un papel decisivo en el asesinato de Víctor Jara.
La primera confesión que obtuvo el juez Fuentes sobre el crimen fue la del ex conscripto José Alfonso Paredes Márquez (55 años). El entonces joven de 18 años llegó a Santiago durante la madrugada del 11 de septiembre de 1973, proveniente de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, donde desde abril de ese año realizaba su servicio militar.
Durante el día en que la vida de los chilenos se partió en dos, su sección fue enviada, al mando delteniente Pedro Barrientos, a custodiar el camino Padre Hurtado. Paredes dice haber sido una suerte de guardaespaldas del teniente Barrientos.
Al mediodía del 12 de septiembre, el contingente se trasladó, primero a Arsenales de Guerra y luego a la Universidad Técnica (actual USACH). Allí, pasadas las dos de la tarde, procedieron a trasladar a los detenidos al Estadio Chile. El mencionado oficial, junto a Paredes, acompañaron a bordo de un jeep la caravana de buses de la locomoción colectiva que trasladaron a los prisioneros. Una vez la misión cumplida, regresaron a Arsenales de Guerra.
Victor JaraEl 16 de septiembre, cerca de las 18:00 horas, el escuadrón de militares llegó hasta el Estadio Chile, donde se presentaron ante un oficial de rango superior cuya identidad desconoce, quien les ordenó vigilar las casetas de transmisión del recinto. Y en el interior del Estadio, los otros conscriptos comentaban que ahí estaban detenidos el Director de Prisiones, Litre Quiroga; el cantautor Víctor Jara y el Director de Investigaciones, Eduardo “Coco” Paredes.
Siempre según la confesión de Paredes, al día siguiente fue enviado al sector del subterráneo. Y permaneció como centinela en la puerta de uno de los camarines destinados a los detenidos. En ese camarín había 5 ó 6 oficiales de otros regimientos, con tenida de combate, cuya identidad desconoce. Los vio escribir en unos papeles los datos que le respondía un detenido al que observó sentado frente a un escritorio. En otro ángulo del camarín, Paredes vio a otros prisioneros mirando hacia la pared.
Unas horas después, llegaron a la habitación el teniente Barrientos y el subteniente que bajo las órdenes de Haase y Rodríguez estaba a cargo de los conscriptos. Traían a un detenido. Fue entonces que dice haber sido llamado, junto al conscripto Francisco Quiroz Quiroz (55 años), y que se les comunicó que el detenido era Víctor Jara. El grupo lo comenzó a insultar por su condición de comunista. Paredes lo miró y lo reconoció. Víctor Jara quedó allí, en ese camarín, custodiado por Quiroz.
Más tarde, recordará el principal testigo, el teniente Barrientos lo mandó nuevamente al subterráneo, al mismo camarín. Pero esta vez Paredes no encontró a nadie: ni interrogadores ni detenidos y tampoco a Víctor Jara. Pasaron las horas hasta que Paredes vio nuevamente llegar a los oficiales interrogadores. La orden fue precisa: traer a los detenidos que figuraban en una lista que uno de los oficiales le entregó a un cabo. Y nuevamente el mismo procedimiento: interrogatorio y las anotaciones en cada una de las fichas.
Y llegó la noche. Paredes se encontraba de centinela en el mismo camarín del subterráneo cuando observó el ingresó de unos quince detenidos. Y entre ellos reconoció a Víctor Jara y también a Litre Quiroga. Ambos fueron lanzados contra la pared. Detrás de los prisioneros, Paredes vio llegar al teniente Nelson Haase y al subteniente que también estaba a cargo de los conscriptos. Y fue testigo del minuto preciso en que el mismo subteniente comenzó a jugar a la ruleta rusa con su revólver apoyado en la sien del cantautor. De allí salió el primer tiro mortal que impactó en su cráneo.
El cuerpo de Víctor Jara cayó al suelo de costado. Paredes observó cómo se convulsionaba. Y escuchó al subteniente ordenarle a él y a los otros conscriptos que descargaran ráfagas de fusiles en el cuerpo del artista. La orden se cumplió. Todo lo que ocurrió fue presenciado por Nelson Haase, quien se encontraba sentado detrás del escritorio de interrogación. Según el protocolo de autopsia, el cuerpo del cantautor tenía aproximadamente 44 impactos de bala en su cuerpo.
Pocos minutos después, el mismo subteniente que le disparó en la cabeza solicitó el retiro del cuerpo. Llegaron unos enfermeros con camilla, lo levantaron y metieron al interior de una bolsa y luego lo cargaron hasta la parte trasera de un vehículo militar estacionado en el patio del recinto, al costado nororiente.
No fue fácil para José Alfonso Paredes Márquez confesar ante el juez lo que vio y protagonizó. Primero fue renuente a reconocer su real participación en los hechos. Y finalmente se quebró, empezó su relato y ya no paró. Este obrero de la construcción que fabrica casas en la zona del litoral central, reveló haber guardado el secreto durante casi 36 años, sin siquiera habérselo contado a su mujer. También hizo una aclaración ante el juez: durante los días posteriores al golpe, y como trabajaban casi 24 horas al día, la oficialidad les entregaba estimulantes para evitar el sueño y el hambre, por lo cual su relato podía no ser exacto en las fechas.
Lo que Paredes y otros conscriptos sí recordaron fue lo que pasó luego que el cuerpo de Víctor Jara desapareció del camarín. Los otros 14 detenidos que venían con el cantautor y director teatral fueron acribillados con fusiles percutados por los propios conscriptos y oficiales presentes. Entre las víctimas cayó asesinado Litre Quiroga. Sus cuerpos también fueron cargados en el mismo vehículo. Poco después y al amparo de la noche, todos ellos fueron abandonados en la vía pública.

El último vía crucis de Víctor Jara

Victor JaraDurante la reconstitución de los hechos, los testigos pudieron recrear el miedo y el caos reinante en el Estadio Chile, clima al que tampoco escapaban. Escenas que enlazadas permiten reconstruir en forma difusa las últimas horas de vida de Víctor Jara y en las que aparecen nuevamente personajes ya conocidos.
Durante sus cuatro días de cautiverio, Jara fue reconocido por un oficial de Ejército que se hacía llamar “El Príncipe”. Otros testigos señalan que ese reconocimiento lo hizo un militar que no coincide con las características del mítico personaje del Estado Chile (ver recuadro), quien fue descrito como de una estura superior a 1.80 metros, rubio, de tez blanca, cara redondeada y de contextura atlética.
En lo que sí coinciden los testimonios de los prisioneros es en que Víctor Jara fue interrogado al menos dos veces en los camarines del recinto, ubicados en la zona nororiente del subterráneo. Allí fue sometido a diversas torturas, entre ellas la fractura de sus manos a golpes de culata.
Tras la segunda de esas sesiones, Víctor Jara logró acercarse a personas que habían sido detenidas en la UTE, quienes lo limpiaron y trataron de cambiar su aspecto cubriéndolo con una chaqueta azul y cortándole su pelo negro rizado con un cortaúñas. Los últimos detenidos que lo vieron con vida han dicho que estaba muy golpeado, con la cara hinchada y sus manos fracturadas. Muchos coinciden en que durante el traslado al Estadio Nacional, que duró muchas horas, su cuerpo sin vida fue visto en el hall del recinto, junto a otros cadáveres.
Se estima que el cuerpo de Víctor Jara fue encontrado el 17 de septiembre en las afueras del Cementerio Metropolitano, por funcionarios de la Primera Comisaría de Carabineros de Renca, quienes lo trasladaron como N.N. al Instituto Médico Legal.

Un funeral sin flores y en silencio

En los últimos meses de la investigación se han rescatado reveladores testimonios inéditos que ayudan a entender por qué, a diferencia de los otros prisioneros asesinados en el Estadio Chile, el cuerpo de Víctor Jara fue encontrado por su familia y pudo ser enterrado de manera clandestina en el Cementerio General.
Después de guardar silencio durante 35 años, Héctor Herrera Olguín, ex funcionario del Registro Civil y quien actualmente reside en Francia, relató ante el ministro Juan Eduardo Fuentes lo que vivió en esos días. Herrera explicó que el 15 de septiembre de 1973, el oficial designado como director interino del Registro Civil lo envió en comisión de servicio al Instituto Médico Legal (IML), lugar en donde se le ordenó medir, tomar las características físicas y las huellas de los cuerpos apostados en el estacionamiento del recinto.
Herrera calcula que había unos 300 muertos apostados en ese lugar, entre los cuales vio niños y mujeres. Unos veinticinco estaban rapados. Todos eran jóvenes. Le dijeron que correspondían a extranjeros. Durante todo el día Herrera vio llegar camiones del Ejército con más cuerpos. Y cada vez los mismos movimientos: los conscriptos los tiraban al suelo al interior del estacionamiento y luego, con algo más de delicadeza, funcionarios del IML los recogían y los apilaban en distintas partes de ese sector.
La investigación deberá determinar la fecha exacta en que fue asesinado Víctor Jara. Pero lo cierto es que el ex funcionario del Registro Civil recordó ante el juez que el 16 de septiembre, alrededor de las 9.00 horas, una persona a la que identifica como “Kiko”, oriundo de Chiloé, le señaló que entre los cuerpos apilados parecía estar el de Víctor Jara. Y con sigilo lo llevó frente al cuerpo. Al principio Héctor Herrera dudó que se tratara del mismo famoso cantautor. Estaba muy sucio, con tierra en las heridas, el cabello apelmazado entre tierra y sangre. A simple vista se le notaban heridas profundas en ambas manos y en la cara. Y tenía sus ojos abiertos, pero con una mirada tranquila. En una de sus muñecas vio un alambre con un pedazo de cartón donde estaba anotado “Octava Comisaría”.
Para salir de la duda, Héctor Herrera a escondidas anotó su número de ficha, sus características físicas y sus huellas dactilares. Para ello tuvo que abrir sus manos. No fue fácil: las tenía empuñadas, muy rígidas. Lo hizo con la ayuda de “Kiko”, comprometiéndose ambos a no decirle a nadie lo ocurrido. Terminada la misión, dejaron el cuerpo en el mismo lugar.
A primera hora del día siguiente, Herrera se fue directo a la sección dactiloscópica del Registro Civil, en calle General Mackenna. Allí y en la más completa reserva, le pidió a la funcionaria Gelda Leyton, que le buscase la ficha de Víctor Jara. A eso del mediodía, ambos comprobaron que efectivamente habían asesinado a Víctor Jara. Volvió a revisar los registros del cantautor. Y se percató que era casado. Anotó los datos de su esposa, Joan Turner Robert, y su dirección.
Ya había amanecido cuando el 18 de septiembre, en la casa de Víctor Jara, en calle Plazencia, en Las Condes, Joan Turner escuchó que alguien llamaba a su puerta. Salió a mirar desde una ventana del segundo piso. Un hombre al que no conocía le dijo que necesitaba hablar con Joan Turner. Ella bajó y se acercó a la reja de la casa. Herrera recuerda haberla visto muy nerviosa. Se identificó como funcionario del Registro Civil y le relató lo que había vivido.
Poco después ambos partieron de la casa en la renoleta de Joan Turner en dirección al IML. Entraron juntos. Pero no encontraron el cuerpo de Víctor Jara en el lugar donde Herrera recordaba muy bien haberlo dejado la tarde anterior. Se inició la búsqueda. Y llegaron al segundo piso del edificio, sitio a donde habían llevado los cadáveres que estaban para las llamadas “autopsias económicas”. En el lugar Nº 20 estaba el folclorista. El cuerpo fue abrazado por su esposa, quien lloró en silencio tratando de no despertar sospechas. Estaba muy consciente de que no tenía autorización alguna para estar ahí.
El trámite del certificado de defunción lo realizaron en el primer piso. Para poder sacar el cuerpo en día feriado, Herrera invocó su calidad de funcionario del Registro Civil. Al ser consultado en la ventanilla por la causa de muerte y fecha de la misma, requisito indispensable para llenar el documento de defunción, Herrera sólo atino a decir que falleció por herida de bala el 14 de septiembre a las 5:00 horas. Fue el apresurado cálculo que logró hacer en esos pocos minutos al recordar que el cuerpo de Víctor Jara habría llegado al IML antes que él lo descubriera. La hora la sacó de un poema que le vino a la memoria sobre fusilados.
Como el cuerpo debía ser sacado en una urna y la esposa de Víctor no tenía dinero para comprarla, Héctor Herrera se contactó con su amigo Héctor Ibaceta Espinoza, a quien le pidió ayuda. Juntos fueron hasta calle Agustinas, en el centro de Santiago, a buscar el dinero. Pero Ibaceta decidió acompañarlos.
Alrededor del mediodía de ese 18 de septiembre, llegaron con el ataúd al IML. Sólo los dos hombres ingresaron a buscar el cuerpo de Víctor Jara. Su cadáver desnudo fue trasladado en una camilla metálica con su ropa doblada a los pies. Recogieron el cuerpo y lo pusieron dentro de la urna. La ropa fue depositada a sus pies. Lo cubrieron con un poncho nortino que traían y encima la mortaja. Cerraron la urna. El ataúd lo ubicaron en una sala que se utilizaba como velatorio.
-Nos prendieron unas cuatro ampolletas e hicimos entrar a Joan para que se quedara a solas con él, para que se despidiera de su marido. Estuvo alrededor de una hora –recordó el ex funcionario del Registro Civil.
Herrera agregó: “Posteriormente, concurrí al Cementerio General, ubicado al frente, para solicitar un carrito para trasladar el cuerpo, ya que era muy caro hacerlo en una carroza. Una señorita me indicó que no se podía hacer eso, pero al ver el nombre del occiso me dijo que para él sí se podía. Volví al IML en compañía de un funcionario del Cementerio. Entre los cuatro colocamos el ataúd en el carro y lo trasladamos al campo santo, enterrando a Víctor Jara en un modesto nicho al final del recinto donde se encuentra hasta hoy. Fue enterrado sin flores y con la sola presencia de nosotros tres”.
Héctor Herrera siguió trabajando en el Registro Civil hasta 1975. Desde 1969 y hasta el día en que se fue se desempeñó en el departamento de Carné de Identidad. Debió abandonar el país como miles de otros chilenos llevando consigo un secreto que Joan Turner también guardó para protegerlo y que hoy le pertenece a todos los chilenos que podrán cantar con nuevas esperanzas “Levántate y mírate las manos. Para crecer, estréchala a tu hermano”.
El oficial al que llamaban “Príncipe”
Nelson HaaseCasi como mito urbano, la figura de un despiadado oficial de Ejército, de contextura atlética, estatura superior a 1.80 metros, ojos claros y pelo rubio, quien habría vociferado entre los detenidos que no necesitaba micrófono para hablar porque tenía “voz de príncipe”, ha sido adjudicada a por lo menos dos ex militares que habrían estado entre los uniformados que custodiaron el Estadio Chile.
Varios de los detenidos han declarado que este fue el uniformado que más se ensañó con Víctor Jara, siendo uno de los primeros que apartó desde el grupo de detenidos de la UTE. Algunos de los testimonios apuntaron al ex agente de la DINA Miguel Krassnof Martchenko como el que actuó en contra del cantautor. Sin embargo, otros lo niegan rotundamente, ya que señalan que es más bajo de estatura (1.70 metros aproximadamente) y que su color de pelo es más oscuro que el militar que se ha tratado de identificar.
Con el correr de los años, surgió otra identidad que podía corresponder a “El Príncipe”, la del ex teniente Edwin Dimter Bianchi, quien fue uno de los militares detenidos por la sublevación del Regimiento Tacna en junio de 1973, movimiento golpista que fue desarticulado, dando origen al llamado “Tanquetazo”. En ese episodio Dimter ingresó con un tanque hasta el Ministerio de Defensa.
Efectivamente, Dimter coincide con las características del Príncipe, pero varios de los testigos que estuvieron detenidos en el Estadio Chile también han descartado que se trate de la misma persona.
Lo importante es que fue el propio Dimter, con su primera declaración judicial de 2006, quien dio luces sobre otros oficiales que también podrían corresponder a la identidad de “El Príncipe”. El ex uniformado, quien fue expulsado del Ejército en 1976 por diversos actos de indisciplina, reconoce haber custodiado a los prisioneros de ese recinto, pero asegura no haber tenido relación con las golpizas y el asesinato de Víctor Jara.
Acto seguido, señala que él no era el único oficial con esas características, y que al menos habían otros dos que podían coincidir con las señas de “El Príncipe”: los entonces tenientes Rodrigo Rodríguez Fuschloger y Nelson Edgardo Haase Mazzei, ambos de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes. Este último oficial (R) fue mencionado en la declaración del primer conscripto confeso de participar en el crimen.
Aunque Haase, al ser interrogado en el caso, negó rotundamente haber estado en el Estadio Chile, declaraciones de otros oficiales presentes en el recinto respaldan la versión de Dimter.
Haase fue uno de los hombres de confianza del ex jefe de la DINA, Manuel Contreras, y fue jefe del recinto de detención clandestino ubicado en calle Bilbao, conocido como “Cuartel Bilbao”. Diversos testimonios y documentos, entre ellos el entregado por la agente de la DINA Luz Arce, indican que el inmueble –habilitado desde 1976- tenía como fachada un aviso luminoso que decía “Implacate”.
El historial del teniente también lo registra como miembro de la Sociedad Pedro Diet Lobos, pantalla comercial de la DINA para encubrir actividades tanto en Chile como afuera del país. A lo largo de los años, quienes sobrevivieron lo han descrito como arrogante, prepotente y despiadado; de hecho se llegó a decir que se enorgullecía de llevar permanentemente en su automóvil una picota para usarla en los allanamientos.
Las pocas veces que Haase salió de su anonimato en los últimos años fue cuando –junto a otros ex uniformados- manifestó públicamente su total respaldo a la sublevación del general (r) Raúl Iturriaga Newman, quien intentó evadir la primera condena de cárcel efectiva en su contra, por el crimen del militante del MIR Dagoberto San Martín Vergara, según consta en la página del “Movimiento 10 de septiembre”.
Equipo "Envasas Exportables": Guillermo Garin, Juan Lucar, Richard Quaas y Nelson Haase (Izquierda a derecha)Tras retirarse del Ejército, el ex uniformado formó en 1994 una empresa de cajas de madera para vinos de exportación, llamadaEnvases Haase o Envases Exportables. Desde entonces es proveedor de varias de las empresas del rubro, lo que le ha permitido codearse con ese ambiente. De hecho, el 2007 participó en el Quinto Campeonato de Golf “Copa Viñas de Chile”, en el Club de Golf Los Leones, a beneficio de la Fundación Escúchame. En el website de esta última aparece una foto del equipo de “Envases Exportables”, en la que Nelson Haase figura junto al ex vicecomandante en jefe del Ejército, general (r) Guillermo Garin, el brigadier general (r) Juan Lucar y el ex jefe del Estado Mayor del Ejército, general (r) Richard Quaas.
La esposa de Haase, María Isabel Blaña Lüttecke, recibió del Ministerio de Agricultura $ 5.595.466 en febrero y abril de este año, en virtud de un “Programa Sistema de Incentivos para la Recuperación de Suelos Degradados”, según consta en la información de transparencia activa de esa cartera.

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