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lunes, 23 de febrero de 2015

Prevenciones veraniegas frente al capitalismo en Chile

Por: Andrés Figueroa Cornejo

Roberto Matta
Fíjate bien, hermano/a, que una cosa son los dolores a los que nos tienen acostumbrados los que tienen el sartén por el mango, como le dicen, la corrupción sabida y la por saber, las reformas en miniatura y dentro de los marcos del liberalismo de escaparate internacional en Chile. Fíjate en la actual administración del Estado policíaco-empresarial, la militarización contra las demandas justicieras del pueblo Mapuche, la criminalización a los jóvenes en general y a los más empobrecidos en particular; esta mansedumbre fundada en el miedo, este miedo sordo originado por las deudas que obligan a hacerse de cualquier trabajo por precario que sea; el robo y el saqueo de las Administradoras privadas de Fondos de Pensión (AFP) y de las multinacionales financieras, mineras, de la agro-industria, de las forestales. Sopesa a la izquierdita nuestra que se corre cada vez más a la derecha consciente o inconscientemente y cómo se multiplica un racismo de bases imaginarias entre los santiaguinos de a pie en contra de los peruanos y los morenos y los indígenas y los miserables y los migrantes de afuera y de adentro, como si no existieran espejos. De tanto ver el arsenal de cartelones gigantes con modelos corregidos/as computacionalmente imponiendo el endeudamiento por cualquier cosa, ya la zona gris  de los santiaguinos/as que sesiente “clase media” no sólo saliva por acumular mercadería inútil, sino que también se cree los propios modelos estilizados artificialmente por la informática. Eso sí, existe otro endeudamiento doméstico: el que ese mismo sector social adopta, pero esta vez para llegar a fin de mes. Doble maldición: la deuda impagable producida por el fetichismo de la mercancía, y la causada porque los salarios no alcanzan para satisfacer las necesidades básicas.

Fíjate que el sistema político dominante funciona como un solo cuerpo matizado, un solo proyecto estratégico y los mismos intereses de un racimo contado de privilegiados que además son parientes, se casan entre ellos mismos, en esta suerte de incesto con fines económicos y de poder, y que si  sus personajes son mirados se les pueden adivinar las colas de chancho mal disimuladas, y si se miran de lejos tienen sabor a mafia de última fila. Por supuesto que no faltará quien me acuse tal vez con qué etiqueta ideológica por hacer una especie de tabla rasa frente al duopolio –que la reforma al binominal no modifica, sino que reconsolida por razones de financiación de las campañas-. Te digo entonces que las diferencias al interior del partido único se parecen demasiado a las que hay entre los “demócratas” y los “republicanos” del sistema político norteamericano. En términos “valórico-culturales” unos son más liberales y otros más conservadores. Pero esa disputa vieja en Chile y Occidente en ningún caso contradice los intereses de la hegemonía del capital financiero planetario, el subsidio estatal al capital concentrado, transnacionalizado y prácticamente monopólico en Chile, y menos tiene que ver con los intereses históricos del pueblo trabajador (entendido de manera ampliada) o la liberación de la mujer o el reconocimiento de la soberanía y territorios del pueblo Mapuche, o las comunidades que sufren la escacez de agua debido a la industria agro-minera y energética, entre tantos/as castigos y castigados/as de aquí y de allá.

Ese mismo descrédito y ausencia de legitimidad del sistema político –cuya misión es mantener la gobernabilidad para goce de los inversionistas y mala vida de la mayoría- se ha intensificado por la corrupción que en Chile los de arriba siempre han intentado lavar con elegancia. Esa “tradición” oficial fue destruida en tiempo récord mediante los casos Penta y Dávalos (hijo de la presidenta Bachelet). Esto es, si ya los partidos políticos del orden y del capital padecían el repudio general de la población, con los últimos acontecimientos terminaron de pulverizarse los pies a tiros de sus propias armas. No hubo confabulación “terrorista”, anarquista o musulmana. Ellos/as mismos fabricaron la soga, las condiciones y el crimen. Y ni hablar de la evasión tributaria y bien guardada en la sucursal del monstruo de la banca, el HSBC en Suiza, por los archimillonarios Andrónico Luksic, José Yuraszeck, Ricardo Abumohor, Álvaro Saieh y José Miguel Gálmez, entre otros sujetos nacidos en Chile. La república de la impunidad enseña su dentadura desvestida de brillo.

Mala cosa. Paisito venido a depresión, segundo en cantidad de suicidios del continente, salud mental resuelta en medicamentación fabulosa, alcoholismo y drogas. Economía dependiente y financiarizada, con los precios del cobre y los minerales cayendo inexorablemente ante la crisis capitalista mundial que no finaliza. Es cierto que el capitalismo vive de sus crisis. Así desbarata sobreproducción y elimina competencia. Sin embargo, las dimensiones de la que está en curso desde hace casi ocho años se desploman sobre la totalidad de las relaciones sociales y de sus expresiones como un sistema conjunto que revela la novedad inhumana de una era.

Mira que ahora, al igual que hace tantos años, la televisión, el sistema escolar y el de la educación superior, la señalética ideológica del poder, etcétera, nos tiene bien solos y distraídos, alineados y alienados, y no te muevas que hay castigo por sospecha de todas la policías y de todos los servicios de inteligencia del Estado. Santiago tiene cámaras de vigilancia y vigilantes por donde se camine –y la paranoia nunca ha sido mi fuerte-, pero las más efectivas son las cámaras de vigilancia que lleva gran parte de la población dentro de la cabeza. Porque, claro, no es posible que la mitad de la gente esté vigilando a la otra mitad.

En esta parte me dirás que si no me gusta cómo van las cuestiones en Chile, mejor empaque; o que soy un resentido social (que no es lo mismo que un re-sensible social) o un terrorista encubierto, un agente boliviano, un árabe o un africano de los que aparecen allá tan lejos en los noticieros donde siempre triunfan los milicos norteamericanos, tan bien adiestrados e indestructibles y civilizadores y demócratas e imperio elegido por Dios, qué duda cabe.

En los bordes y abajo se hace lo que se puede. Evidentemente, lo que se puede no alcanza todavía ni para cambiar una coma del código laboral antipopular. Lo que sí es cierto, es que, independientemente de las limitaciones de los que vamos por ahí procurando colaborar con transformar la vida para que un día se terminen las clases sociales, y la libertad ya no haya que gritarla en las paredes ni pagarla con muerte, el capitalismo chileno recibe los golpes de la caída de las inversiones postergadas o pendientes según sus propios indicadores.

Fíjate que las cosas no pintan lindo en Chile. Y anda previniéndote no sólo de la radiación solar de este verano. Piensa en qué tenida vas a usar cuando, otra vez, tengamos que llenar las calles y costas y cordilleras y plazas del país para hacer la fuerza nuestra, la que palpita nerviosa e incierta, la que sacude la indolencia, apura la solidaridad y destrona el egoísmo.

viernes, 1 de marzo de 2013

DEFINITIVAMENTE NO SOMOS IGUALES ANTE LA LEY



POR: Luis Mesina.

http://www.luismesina.cl/ o http://luismesina.blogspot.com/

EL DOBLE TRATO DE LAS AUTORIDADES NO ES CASUALIDAD, ES LA CONSECUENCIA DE QUE CHILE ES UNA SOCIEDAD CLARAMENTE DIVIDIDA EN CLASES SOCIALES.


Como consecuencia del asesinato del compañero Juan Pablo Jiménez, dirigente sindical de AZETA, empresa subcontratista de CHILECTRA, muchos trabajadores, incluso dirigentes, pedían el mismo trato que el gobierno dio a la familia terrateniente Luchsinger cuando fueron asesinados en Temuco y que significó que el Estado chileno movilizara muchas instituciones y desplegara el máximo de recursos y medios en busca de los responsables. En menos de 48 horas, la policía ya había detenido a dirigentes mapuches imputándoles, sin ninguna prueba, la responsabilidad en dicho crimen.


La muerte, más concretamente, el asesinato de un trabajador al interior de una empresa siempre será un hecho grave, lamentable y repudiable. Sin embargo, adquiere una relevancia mayor tratándose de un dirigente sindical que, justamente, se hallaba preparando acciones para denunciar las prácticas abusivas de esta empresa, cuyo historial en el tratamiento de los derechos laborales está teñida con la muerte de otro trabajador en el pasado reciente.


¿Qué conclusiones podemos sacar los trabajadores frente a este hecho?


Que el tan cacareado “Estado de Derecho” al que tanto recurren los poderosos y, que los presidentes Frei y Lagos se esforzaron en garantizar a cualquier precio con tal de dar “estabilidad” a los dueños de Chile, no es más que un ordenamiento político y jurídico que permite garantizar a cada cual “lo que se merece”: a los ricos, seguridad jurídica, económica y policial para mantener y seguir incrementando su ilegítima riqueza; y a los pobres, subsidios, represión y castigo para que no se subleven pidiendo justicia y mejores salarios. Frei, amparándose en el “Estado de Derecho” alegó “razones de Estado” para poner fin a la investigación que condenaba al hijo de Pinochet (“pinocheques”) a terminar en la cárcel; luego, por las mismas razones, movilizó todas las instituciones del Estado chileno, invirtiendo millones de dólares, para evitar que Pinochet fuera juzgado y condenado en Inglaterra. Igualmente, haciendo uso de las franquicias del “Estado de Derecho”, Lagos, desconociendo todo el historial de Horst Paulmann, que lo vinculaban a un pasado nazi, le otorgó la “nacionalidad por gracia”, y agregó: “ello, gracias a su tremendo aporte a Chile”. Paulmann es aficionado a destruir sindicatos, aplica permanentemente prácticas antisindicales pagando salarios de hambre, evade el pago de impuestos, etc. ¿Cuál es su aporte a Chile?.


Cuando se nos obliga a respetar el “Estado de Derecho”, lo que se busca es que los trabajadores no rompamos con el ordenamiento jurídico que ellos han diseñado y materializado para perpetuar su poder. Aparentemente, las leyes las promulgan desde el Ejecutivo y luego las sanciona el Legislativo. Eso es apariencia. La verdad, es que las leyes responden a correlaciones de fuerzas entre las clases sociales y se adecúan a contextos determinados. En nuestro país, la mayor parte de las leyes, especialmente las laborales, son funcionales al empresariado y se adecúan permanentemente a sus intereses. El mejor ejemplo es que en Chile negocia menos del 7% de la fuerza de trabajo. La ley de subcontratación, que permite la existencia de empresas como Azeta donde murió Juan Pablo, responde a las estrategias de las grandes compañías para bajar los costos, precarizando el empleo y bajando al máximo los salarios. En consecuencia, ninguna ley está hecha para favorecer los intereses de los desposeídos. Quienes han hecho las leyes en estos últimos 40 años, no han sido los gobernantes de turno, han sido los grandes empresarios: los Matte, los Luksic, Paulmann, Angelini, Yarur, etc. Son ellos quienes construyen la agenda y que los gobiernos aplican cautelando uno de sus principios esenciales en todas las áreas de la sociedad, el lucro y la iniciativa privada como fundamento de toda su filosofía.


Es falso, de falsedad absoluta, que todos “somos iguales”. La jerarquía eclesiástica que promueve este discurso, especialmente la Católica vinculada en estos años a las más horrendas conductas contra menores, se empeña en dictar cátedra sobre “moral” y trata de convencernos que somos todos iguales, ¿iguales en qué?- Por supuesto que en los ingresos no. Pero, además, tenemos distinta moral. Ellos creen en la explotación del hombre por el hombre; creen que el crecimiento personal es fruto del esfuerzo individual y no influye el contexto socio económico donde la persona nació. Nosotros, creemos que la riqueza es consecuencia del trabajo humano colectivo, en vinculación armoniosa y respetuosa con la naturaleza; ellos, no trepidan en destruirla si pueden obtener lucro; se apropian de la riqueza que nosotros generamos. Ellos creen en la salud, en la educación y en la previsión privada; nosotros en cambio, creemos que la salud, la educación y la previsión son derechos fundamentales irrenunciables que el Estado debe garantizar a todos los trabajadores, tanto en su vida activa como pasiva, independiente de su condición social, y que por tanto no puede estar sujeta al lucro. Ellos, creen en el individualismo y apoyan a sacerdotes vinculados a las más atroces y espurias conductas, como Karadima. Los trabajadores, creyentes o no, creen en lo colectivo, en el esfuerzo mancomunado y practican la solidaridad real como parte de su vida, con sus escuálidos ingresos. Ellos, solidarizan con cargo a franquicias tributarias como los hacen por ejemplo en la Teletón….


En nada nos parecemos a ellos. 

Nada tenemos en común con los empresarios, al contrario, su filosofía es atentatoria a nuestra propia existencia, nos condenan a la barbarie. Nos impiden ser felices. Sólo durante enero, se desarrollaron más de 20 huelgas donde los trabajadores demandaban cosas pequeñas, como respeto, dignidad y pequeños aumentos salariales. La respuesta mayoritaria fue de prepotencia e intransigencia y no es porque sean empresas que tengan pérdidas, al contrario, son compañías con cuantiosas utilidades. El problema es otro, ellos no están dispuestos a ceder, es un tema ideológico, quieren hacer desaparecer al Sindicato como sujeto de derecho, quieren eliminar del vocabulario la palabra “colectivo”, y no cederán por muchas huelgas parciales que hagamos. La conclusión que debemos inferir, es que estamos en una etapa de la historia que exige una nueva estrategia, pero sustentada en una “nueva moral”, es decir, un nuevo conjunto de prácticas, de creencias que tome en cuenta que nunca la justicia laboral vendrá de la caridad de los empresarios, mucho menos el mejoramiento de la calidad de vida de los trabajadores, en especial de ese 75% de chilenos que trabajan por un ingreso inferior a los 350 mil mensuales.


Lo hemos dicho, los trabajadores queremos vivir en paz, pero los empresarios no nos dejan. Nos declaran la guerra en todos los frentes: en los bancos, en las AFP, en las Isapres, en el Retail, en las farmacias, en las clínicas, en las universidades privadas, en el gran comercio, o sea, en todas partes. Nos atacan con los cobros abusivos, con tasas de intereses usureras, con costos de administración que nadie entiende. ¿Y cuál es el rol de Estado en esta materia? Reafirmar el carácter civil (liberal) de las relaciones laborales y sociales del país, donde sea el “mercado” (por mercado entiéndase, colusión de los poderosos para fijar precios y políticas, jamás piense en libertad entre oferta y demanda) quien las resuelva, despojando al Estado del rol tutelar de los derechos fundamentales. 


¿Qué nos queda? una sola cosa, prepararnos para esta guerra declarada. ¿Cómo? Con más unidad y con más organización. Unificando todas las iniciativas de los que luchan, de los que mantienen en alto la autonomía y la independencia política y que no están dispuestos a capitularle ni al gobierno de turno ni a los empresarios. Con una organización clasista que represente sólo los intereses de los trabajadores y que jamás pacte a espaldas con las autoridades, que jamás hipoteque su independencia apoyando gobiernos liberales. Este esfuerzo exige mucha generosidad de todos, desterrar las prácticas sectarias, pero, siendo profundamente intransigente en el respeto a la autonomía, lo que exige sobrepasar a la burocracia sindical que es uno de los peores escollos que tenemos los trabajadores para avanzar. 


¿Qué formas de lucha? Todas.


Los trabajadores ante la imposibilidad de ejercitar derechos fundamentales estamos en todo nuestro derecho de buscar otras formas de lucha, que superen los marcos estrechos de esta legislación espuria elaborada por ellos mismos para frenar nuestras organizaciones en la defensa de nuestros derechos. En Temuco, los empresarios, muchos de ellos terratenientes, sin tapujos se armaron y amenazaron que defenderían a balazos sus propiedades e intereses y contaron con el espaldarazo de ministros como el de Agricultura y el del Interior. Es decir, nos confirmaron que el Estado de Derecho hay que usarlo como les dé la gana, se trata de cautelar sus intereses.


Hemos sido notificados, ello despeja las dudas. Nosotros, los de este otro lado de la acera, aquellos que vivimos con salarios mediocres ¿podemos llegar a acuerdos con estos pistoleros del empresariado, que se empeñan en destruir nuestros sueños e ilusiones, endeudándonos y haciéndonos prisioneros de su sistema? Difícil por no decir imposible. Entonces ¿Qué nos queda? ¿Cuál es el camino? hay que derribar toda esta falsa conciencia instalada por los medios de comunicación que ellos controlan y que busca enajenarnos. Debemos combatir todo ese discurso “sacerdotal” pusilánime que profesan algunos para someternos diciéndonos que la felicidad no está en este mundo si no en el más allá. Si comenzamos a socializar nuestras demandas, si instalamos una práctica discursiva que incorpore descarnadamente la realidad, sin tapujos, si instalamos en nuestros análisis claramente la lucha de clases estaremos avanzando hacia formas superiores de comprensión, de organización y de disputa que nos potenciaran para remover los cimientos de este sistema capitalista injusto e inmoral.


Debemos canalizar toda esta bronca, este odio acumulado activado por el abyecto asesinato de Juan Pablo Jiménez, para luego canalizarlo inteligentemente contra estos inmorales que viven y duermen tranquilos a pesar de sus responsabilidades en estos hechos.


Queda claro y debemos entenderlo: ellos tienen una moral distinta a la nuestra. La honradez de la que se ufanan es delictual, es aquella que castiga con años de cárcel a quien se roba una gallina; pero perdona a los ladrones de cuello y corbata. La nuestra es pura, es transparente, es ingenua, a veces estúpida, pues les creemos. La de ellos es criminal, cuando ven afectados sus intereses no reparan en recurrir a todos los medios, lícitos e ilícitos, asesinan mapuches, dirigentes sindicales y, si con ello no se sienten satisfechos, promueven y apoyan Golpes de Estados.


¿Cuál es entonces nuestra tarea? Organizarnos, unificarnos y prepararnos para una gran batalla: la batalla por la dignidad; la batalla por la negociación colectiva que nos niegan; la batalla por un mundo más justo, más humano, sin explotados y sin explotadores. Ninguna confianza en las instituciones del Estado, tampoco en aquellos que piden el voto so pretexto del “mal menor”, mucho menos en quienes pactan con los que han perpetuado este sistema inhumano.


El camino, insisto, está en la unidad, en la organización y en la lucha, así podremos brindar el mejor de los homenajes a JUAN PABLO JIMENEZ, que deja dos pequeños y a su compañera en la total indefensión. Debemos dar señales concretas ahora, el mañana juega al servicio de los asesinos de Juan Pablo y abre los apetitos de otros canallas empresarios para saldar las deudas a balazos con los honestos luchadores.


Audito Saavedra Martínez
Profesor y dirigente.

jueves, 5 de abril de 2012

El hombre, un farmaceútico de 77 años acosado por las deudas, se pegó un tiro ante el Parlamento


La carta del jubilado que se suicidó para no 'buscar comida en la basura'.

Ha desatado una ola de cólera, dolor y reconocimiento en una Grecia asfixiada por los recortes

Periodista Digital, 05 de abril de 2012

En una nota, acusa al Gobierno de “aniquilar cualquier esperanza de supervivencia”

"Soy jubilado. No puedo vivir en estas condiciones. Me niego a buscar comida en la basura. Por eso he decidido poner fin a mi vida", decía el mensaje que llevaba en un bolsillo.

Dimitris Christoulas, de 77 años, un farmacéutico retirado al que se  comían las deudas, se pegó un tiro en la sien y murió a escasos metros del Parlamento poco antes de las nueve de la mañana de este miércoles 4 de abril de 2012, en plena hora punta.

Ha sido un suicidio público que ha desatado una ola de cólera, dolor y reconocimiento en una Grecia asfixiada por los recortes.

LA CARTA DE DIMITRIS

"El Gobierno de Tsolakoglou ha aniquilado toda posibilidad de supervivencia para mí, que se basaba en una pensión muy digna que yo había pagado por mi cuenta sin ninguna ayuda del Estado durante 35 años.

Y dado que mi avanzada edad no me permite reaccionar de otra forma (aunque si un compatriota griego cogiera un kalashnikov, yo le apoyaría) no veo otra solución que poner fin a mi vida de esta forma digna para no tener que terminar hurgando en los contenedores de basura para poder subsistir.

Creo que los jóvenes sin futuro cogerán algún día las armas y colgarán boca abajo a los traidores de este país en la plaza Syntagma, como los italianos hicieron con Mussolini en 1945".

ENFERMO DE CÁNCER

Christoulas era un jubilado enfermo de cáncer, casado y con una hija que había vendido la farmacia que regentaba en 1994 y que, por lo que explica en su carta, vivía de una pensión que él mismo había pagado "sin ninguna ayuda del Estado".

"La carta manuscrita dejada por mi padre lo dice todo. Él dejó dos cartas, una en casa y otra que llevaba consigo cuando se suicidó con el mismo contenido", revela su hija Emily Christoulas al diario griego 'Protothema'.


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